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Zapatero: valiente con los cristianos, cobarde con los islámicos

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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Sin José Luis Rodríguez Zapatero no hubiese sido posible Pedro Sánchez. No tanto porque lo apoyase o lo dejase de apoyar, o porque fuese uno de los chicos para todo del otrora poderoso secretario de organización José Blanco, sino porque puso las semillas de la destrucción de lo que había sido el PSOE anterior para abrazar el largocaballerismo o el negrinismo —las verdaderas lacras históricas y cancerígenas del socialismo español—.

Carente de enjundia intelectual, más allá de citar a Philip Pettit y su republicanismo postmoderno, hubo de retomar la división y el ánimo de venganza como elementos operativos de la socialdemocracia española. Porque en la subjetividad, en lo etéreo, en lo pseudofilosófico, es donde mejor se manejaba. Adiós al materialismo, hola al relativismo. De ahí que se autocatalogase como un “hombre de talante” —una estupidez más porque cualquier persona tiene talante, bueno, malo, agresivo, apocado, etc.—. Todo esto lo ha rescatado otro personaje carente de fluidez intelectual y acaba en la lucha contra la máquina del fango.

Entre medias de todo ello estaba el pacto del Tinell para que la derecha no llegase a gobernar jamás, algo que se reproduce estos días en los discursos presidenciales y en los mítines donde participa el expresidente, en los cuales, además, se dedica a hacer gracietas que muestran que más que buen talante lo que tiene es rabia interna (por razones que se escapan) y/o una única forma de entender la política: amigo/enemigo. Son muy schmittianos en esto. Luego, eso sí, dan lecciones de democracia, la cual es solamente para ellos la suma de ciertos votos, sin necesidad de diálogo, debate y —obsérvese que es una conjunción copulativa— alternancia. La verdad se construye mediante el voto y el factor subjetivista/relativista que crean conveniente. Si llueve no miran fuera a ver si es verdad, lo deciden en una votación.

Risas y valentía contra los cristianos

En un mitín de apoyo (o algo así) a Salvador Illa, el expresidente del Gobierno comenzó a hacer chistes —toda vez que ha fallecido Arévalo cree el hombre que hay un hueco que llenar y no ceja en el empeño—, en especial se regodeó con las personas de derechas que rezaron el rosario en Ferraz. La realidad es que no sucedió en el tiempo que dijo Zapatero sino tiempo después cuando el “señor de los moscosos” confirmó que aceptaría la amnistía que le pedían los secesionistas huidos de la justicia española. Pero que la realidad no le quite un buen chiste o hacer una gracieta. Todos malos imitadores de Alfonso Guerra, por cierto. Un rezo que muchos católicos rechazaban por no encarnar los verdaderos motivos por los que debe pedirse una intercesión, algo que ya se debatió y quedó claro hace muchos siglos en la Edad Media.

Hacer chistes contra los cristianos es fácil y muy del gusto de cierta izquierda sin ideas. No hay que olvidar que siendo presidente del Gobierno, lo primero que hizo en la reunión que mantuvo (el 6 de noviembre de 2009) con Benedicto XVI fue señalarle que España es un “Estado aconfesional” y garantiza la libertad de todos. Como si un hombre de la talla intelectual del papa Ratzinger necesitara esa precisión, o como si le interesara al pontífice. Debía marcar terreno y aparecer como el más anticlerical de los anticlericales, pues en el PSOE no hay laicistas como hace un tiempo sino anticlericales o anticatólicos. Con el papa Francisco, empero, se dedica a hacer de correveidile del gobierno del autoritario Nicolás Maduro. Ahí no hace chistes. No se sabe si porque está trabajando (a sueldo del venezolano).

Todo son parabienes con el Islam

Al contrario de lo que hace con el cristianismo, especialmente el católico, con el islam no hace nunca chistes, nunca hace gracietas, no se ríe de sus rezos. Es algo muy extendido entre cierta izquierda que, no se sabe el porqué, se siente más cerca del islamismo que del cristianismo. Al abandonar el marxismo o el liberalismo social à la Maritain y entregarse a lo woke debe ser que han perdido cualquier capacidad racional de entender el mundo. Zapatero fue adalid de esta forma de pensar antes que los pseudointelectuales de hoy en día.

El 22 de marzo de 2005 afirmó a la Liga Árabe que “el islam es un pacífico y tolerante elemento de identidad”. Después de haberse llevado por delante un año antes a trescientos españoles y miles de heridos, Zapatero entendía que esa identidad generaba tolerancia. Por cierto, concepto que utilizaba mucho en esas años y que hoy parece habérsele olvidado, porque la tolerancia ya no la ejerce, ya no le gusta lo que opinen los demás. En abril de 2015 inauguró la cátedra de “Estudios de la civilización islámica y renovación del pensamiento religioso” en Granada, bajo el auspicio de la Fundación Euroárabe. Por esos tiempos acudió a la Cumbre europea contra la islamofobia donde ponía el acento en lo malo que es el fanatismo, no la religión en sí

La religión católica, cuando menos desde el Concilio Vaticano II, que terminó allá por los años 1960s no hace días, no es tolerante sino fanática, no es plural sino dogmática, no respeta a nadie, al menos esto es lo que debe pensar Zapatero. Porque lo islámico es tolerante excepto con los homosexuales, las mujeres, los niños y niñas, los que piensan distinto, etc. El pensamiento occidental, gran valedor de la tolerancia y el humanismo, que está conformado por una gran parte del cristianismo (la ONU fue pensada por muchos europeos de pensamiento cristiano), es un ñordo al lado de lo islámico en el pensamiento zapateril. Jamás le deja un margen de confianza y se rinde a lo islámico y pide a los europeos que traguen con lo que haga falta o serán señalados como intolerantes.

Una de tres, o cobra un pastizal de los países árabes, o es más corto de lo que han pensado los españoles, o es malo. Porque no se entiende que apoye dictaduras, apoye el sometimiento de la mujer y luego venga a dar lecciones de progresismo barato. O estupidez intelectual, maldad o que le ingresan unos cheques petrolíferos con demasiados ceros. Porque el que iba a contra nubes desde el Consejo de Estado se salió rápidamente en cuanto vio que podía hacer fortuna por el mundo. O también puede ser miedo. En una actitud farisaica entenderá que si dice algo malo contra el islam le pueden pegar un cuchillazo en el ojo o un tiro en la nuca. Cobardía o maldad, no hay otra.

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