Ciudadanos, el partido de los vientres de alquiler

14 de Abril de 2021
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Nadie habla de ello, pero conviene recordar que Ciudadanos sigue siendo el partido de la gestación subrogada o vientre de alquiler. Los muchachos naranjas son raritos (entre tránsfugas, desertores y paracaidistas no hay uno de fiar en ese clan) y desde hace tiempo vienen dándonos la turra con una práctica reproductiva que si uno se pone a pensarlo bien produce cierto repelús desde un punto de vista biológico, ético y moral. Desde que en 2019 el partido hoy en vías de extinción presentara su famosa proposición de ley en el Congreso de los Diputados para regular el derecho a la gestación subrogada en España nadie les ha hecho el menor caso. Por algo será. El asunto quema como una patata caliente en las manos, pero ellos de vez en cuando sacan el tema y lo ponen encima de la mesa. ¿A qué viene tanto interés en una práctica que prestigiosos expertos juristas ya han alertado que podría ir contra los principios elementales de la bioética e incluso dar lugar a un sórdido mercado negro de recién nacidos?

Antes de responder a la cuestión y entrar a saco contra Ciudadanos (una tentación que asalta a todo columnista cuando no tiene otra cosa de qué escribir), conviene acotar los conceptos y definir lo que se entiende por vientre de alquiler. Estamos hablando de una mujer que se queda embarazada previo contrato en el que se estipula claramente que el bebé que dé a luz será entregado a una pareja para que se haga cargo de él en concepto de padres o progenitores no biológicos. Aunque según Ciudadanos en principio se trataría de un acto de caridad y altruismo de una mujer para con las familias que no pueden tener hijos, a nadie se le escapa que no tardaría en generarse un sector de economía sumergida, un mercado persa de la maternidad, un zoco ginecológico. Es decir, neoliberalismo y negocio a calzón quitado con algo tan sagrado como traer niños a este mundo.

Bastantes problemas tiene ya este país, sumido como está en la distopía enloquecida del coronavirus, como para hacer realidad otro delirio sacado de una disparatada novela de ciencia ficción en plan Elcuento de la criada. Ahora que las vacunas van a dar lugar al contrabando ilegal (como en El tercer hombre de Graham Greene), ahora que vuelve el estraperlo y el tráfico de alimentos como en los peores tiempos de la posguerra, lo último que nos faltaba es que la ocurrencia de Ciudadanos se hiciese realidad y terminara cuajando algún día en un Salón del Bebé contratado, un Fitur de la crianza privatizada con pabellones, casetas, expositores y reparto de folletos informativos sobre la gestación subrogada. De esa manera, algo tan sagrado como la maternidad pasaría a ser una actividad comercial, como comprar un coche eléctrico o una semana de vacaciones multipropiedad en un chalé en Marbella. Una democracia firmemente asentada en la defensa de los derechos humanos y del niño no debería caer en ese mercadeo infame. La legislación española considera nulos los contratos de vientres de alquiler, pero no sanciona la práctica, por lo que muchos ricos se permiten viajar al Tercer Mundo y encargar una preñada para uso particular. Hasta el Comité de Bioética de España, basándose en razones morales y en sentencias del Tribunal Supremo, niega validez jurídica a tales conductas.

Ciudadanos es un partido abiertamente neoliberal y clasista, o sea que cada medida que propone busca el beneficio crematístico inmediato, siguiendo el modelo capitalista salvaje del PP. O sea caja B, maternidad en B. Y aunque Albert Rivera ideó el proyecto naranja como el gran partido de los autónomos, convertir a las embarazadas en las autónomas del negocio de la gestación se antoja demasiado, una aberración, una monstruosidad. Imagínese el ocupado lector a lo que podríamos llegar si algún día se llegase a autorizar esta práctica reproductiva. El término mismo produce escalofríos por lo que tiene de intento de combinar una actividad económica con la maternidad. Vientre y alquiler no son palabras que debieran combinarse en un mismo concepto y en la misma oración, pero los chicos de Ciudadanos van de pragmáticos guapos, modernos y bien vestidos, el modelo fashionToni Cantó, y siguen al pie de la letra las nuevas teorías políticas y sociales para tiempos de posverdad. En Cs son utilitaristas, materialistas desprovistos de cualquier idealismo sentimental (eso se lo dejan a la izquierda comunista y bolivariana) y van a lo que van, a la pela y al negocio, ya sea con la maternidad o con el transfuguismo político. Por eso hoy están contra el PP y mañana lo aúpan a los gobiernos autonómicos en complicidad con la extrema derecha, a la que tampoco le hacen ascos.

Dar carta de naturaleza a la gestación subrogada (un eufemismo legal para esconder una práctica que tiene algo de desalmado y antinatural) supone abrir una peligrosa puerta (¿qué será lo siguiente, el bebé a la carta de rasgos arios?). Es tanto como otorgar licencia de apertura a un nuevo negocio emergente, un rastrillo de embarazadas e intermediarios de fetos al mejor postor. Ahora que sabemos que durante los años del franquismo y la Transición en este país se robaron criaturas recién nacidas de madres pobres y solteras para felicidad de las familias pudientes no deberíamos jugar con frívolas propuestas de este tipo. Si Edmundo Bal saca escaño en las autonómicas madrileñas ahí estará Isabel Díaz Ayuso para completar el puzle de un nuevo trifachito ofreciéndole un carguete y quién sabe, en una de estas hasta convierte Madrid no ya en un dumping fiscal, sino en el paraíso de la gestante emprendedora y el churumbel por contrato. Esta IDA es capaz de pactar hasta con el diablo con tal de seguir en el poder.

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