La soberanía europea, al peso: langosta a cambio de coches

Mientras Trump impone condiciones desde la barrera, Bruselas acepta rebajar aranceles agrarios y pesqueros para salvar a su industria automovilística.

29 de Agosto de 2025
Actualizado a las 11:05h
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La soberanía europea, al peso: langosta a cambio de coches

La Comisión Europea ha accedido a lo que no se atreve a nombrar: una imposición directa de Washington. A cambio de una rebaja arancelaria en automóviles, el Viejo Continente cede —una vez más— ante las exigencias comerciales de Estados Unidos, sacrificando parte de su producción agrícola y pesquera. El equilibrio de poder, lejos de igualarse, se inclina todavía más hacia quien amenaza con volver a la Casa Blanca.

Una geopolítica de cáscara blanda

A cambio de una rebaja arancelaria para la industria del automóvil, Europa ha aceptado facilitar el acceso al mercado comunitario de productos estadounidenses, desde la langosta hasta determinados alimentos "no sensibles". El eufemismo no es casual: cuando se habla de productos "no sensibles", en realidad se habla de productores sin lobby. Porque ni el cerdo ni el trigo entran en el trato, pero sí otras explotaciones que, aunque pequeñas, sustentan a comunidades enteras.

La excusa, como siempre, es la protección de sectores estratégicos. Pero lo que en realidad se ha producido es una cesión estratégica, no una negociación equilibrada. Trump —y su legado proteccionista— continúa marcando el paso de las políticas comerciales de Europa, incluso cuando ni siquiera ocupa el Despacho Oval. Lo preocupante no es solo lo que se cede, sino la velocidad y docilidad con la que se cede.

Si Donald Trump regresa a la presidencia en 2025, lo hará con la hoja de ruta ya escrita: más presión, menos acuerdos multilaterales y un debilitamiento aún mayor de las reglas comunes. Y si Bruselas continúa actuando como si su única prioridad fuera no enfadar a Washington, la autonomía estratégica europea será pronto una nota al pie en los manuales de historia económica.

Austeridad comercial

La Comisión ha presentado esta maniobra como una gran jugada económica: evitar un castigo del 27,5% en los aranceles de automoción a cambio de ceder en productos que, aseguran, no son "estratégicos". Lo que no se dice —pero se entiende— es que los intereses de los sectores agrícolas no tienen el mismo peso político que los de las grandes automovilísticas alemanas o francesas.

Más de 500 millones de euros en aranceles que los fabricantes de coches dejarán de pagar en un solo mes. Esa es la cifra que deslumbra. Lo que no se cuantifica son las consecuencias de abrir el mercado a productos estadounidenses sin exigir las mismas condiciones laborales, ambientales o fitosanitarias. Lo barato saldrá caro.

Todo esto llega en un momento de especial vulnerabilidad para Europa, donde la ultraderecha acecha con un discurso soberanista pero a la vez sumiso frente al imperio. El trumpismo no necesita estar en el poder para dictar la agenda: le basta con tener en Bruselas a quienes confunden autonomía con obediencia elegante.

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