La guerra de Putin va más allá de Ucrania

Nadie asegura a ciencia cierta que una vez se alcance la paz en esta guerra, Rusia se vaya a detener y culmine con su escalada expansionista a costa de sus vecinos.

02 de Abril de 2025
Actualizado a las 12:59h
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Rusia de Putin
Vladimir Putin responde a preguntas en una visita a Uzbekistán | Foto: Oficina del presidente de Rusia

Se equivocan quienes creen que la guerra de Ucrania terminará ahora con un alto el fuego entre los ucranios y la Rusia de Vladimir Putin porque ese no es el verdadero objetivo del autócrata que habita en el Kremlin. Ahora, con el viento a su favor por el apoyo que le está prestando el presidente norteamericano, Donald Trump, Putin solo trata de ganar tiempo y jugar al gato y al ratón con Ucrania, al tiempo que no detiene su ofensiva contra ese país conquistando más territorios, atacando las infraestructuras energéticas y objetivos civiles ucranios.

Cuanto más territorio tenga en sus manos y más exhaustas queden las tropas de Ucrania, que ya han fracasado o se han estancado en su ofensiva en suelo ruso en Kursk, más allanado tendrá el camino para imponer una paz injusta y duradera a Kiev que pasa, desde luego, por quedarse con el 20% del territorio arrebatado a Ucrania a sangre y fuego, por no devolver la península de Crimea -anexionada en 2024 sin que nadie hiciera nada por evitarlo- y por la no inclusión de este país en la OTAN, dejando al mismo en un limbo geoestratégico sin que su seguridad e integridad territorial estén garantizadas.

No olvidemos que Rusia ha incumplido en reiteradas veces los acuerdos internacionales de la que es signataria, como el Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad, un acuerdo político firmado en Budapest, el 5 de diciembre de 1994, ofreciendo garantías de seguridad por parte de sus signatarios con respecto a la adhesión de Ucrania al Tratado de no Proliferación Nuclear. El acuerdo fue firmado por los presidentes de Ucrania, Leonid Kuchma, Rusia, Borís Yeltsin, el primer ministro del Reino Unido, John Major y el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. El memorándum incluye garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, así como las de Bielorrusia Kazajistán, siempre que no fuesen casos de defensa propia. Putin también incumplió el Protocolo de Minsk para poner fin a la guerra del Dombás, del cual también era signataria Ucrania.

El mundo de Putin es el de la mentira y la descarada manipulación nacionalista en aras de cumplir su anhelos neoimperialistas en el espacio postsoviético. “El putinismo es, entre otras cosas, un gigantesco intento intoxicación de verdaderas históricas y del presente. Revisionismo políticamente interesado, ocultamiento de acciones presentes, mordaza y violencia contra los voces libres, propaganda hábilmente difundida en gran parte del planeta: hay de todo en el menú”, escribía el periodista Marc Marginedas con mucho tino en su libro Rusia contra el mundo. 

En este libro, imprescindible para conocer muchas de las claves de la Rusia de nuestro tiempo, el autor conecta en términos geopolíticos a la guerra de Siria con las de Chechenia y Ucrania. Estas tres operaciones bélicas responderían “a una misma justificación: recuperar para Rusia el status de superpotencia imperial que un día detentó la URSS”. En la misma línea, el historiador Karl Schlögel, desde las páginas de Le Monde, al referirse a la guerra de Ucrania, asegura que “es una peligrosa equivocación suponer que se trata de un conflicto ruso-ucraniano. Desde el principio, los dirigentes rusos no han dejado ninguna duda, ni por sus declaraciones ni por sus acciones, sobre sus objetivos: recuperar el control de Europa central y oriental y restaurar la Europa de Yalta”.

Aparte de la destrucción total de Ucrania, país al que Putin siempre ha considerado un “Estado ficticio”, y una vez derrotada ya sin el paraguas protector de la OTAN, a la que Trump desprecia e incluso aboga por la salida de Estados Unidos de dicha organización, ¿quién garantizará a Polonia, Finlandia y los países bálticos que serán protegidos ante un ataque ruso? Pero peor lo tendrán Georgia y Moldavia, que ni siquiera son miembros de la OTAN y la Unión Europea (UE), y que sufren la ocupación rusa de una parte de sus territorios, algo que facilitaría una fácil agresión de Rusia a los mismos. Asistimos a tiempos decisivos, nuestros viejos paradigmas que nos dotaban de una cierta seguridad y protección en Europa han caducado. 

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