Donald Trump es un estafador profesional. No es nada nuevo, lo ha sido durante toda su vida. Por esa razón se ha visto obligado a gastarse cientos de millones de dólares en abogados para atender a las demandas y querellas que se han presentado en su contra durante décadas y para pagar los acuerdos extrajudiciales a los que se vio obligado a llegar para no ser condenado. No sólo a estafado a ciudadanos de clase media y trabajadora, como sucedió con la Trump University, sino también a grandes corporaciones, como ocurrió con los grandes bancos.
Ahora el objetivo es el pueblo estadounidense, le hayan votado o no. Él no hace distingos. Su única prioridad es hacer más ricos a los multimillonarios que financiaron su campaña. El mejor ejemplo de ello es Elon Musk, que pasó en apenas 4 años de denominar a Trump como «un loco» a invertir 250 millones de dólares que ya ha tenido un retorno del 3.000%.
El análisis de los resultados de las elecciones de noviembre de 2024 demuestra que el mayor nicho de voto a Donald Trump se dio en las zonas rurales. Todos los Cletus Spuckler acudieron en masa porque se creyeron el discurso de acabar con el sistema y de beneficios para los agricultores y ganaderos. Además, en esos ámbitos aún se mantiene idealizada la imagen del Estados Unidos hegemónico, exactamente igual que los rurales de Reino Unido continúan creyendo en el Imperio Británico y que ahora pagan las consecuencias de creerse las mentiras de otro estafador llamado Nigel Farage quien, a diferencia de Trump, no tuvo inconveniente en reconocer (y jactarse) en horario de máxima audiencia que habían mentido sobre los beneficios del Brexit.
Sin embargo, las políticas de Trump no están orientadas a hacer a América grande otra vez, sino a hacer más grandes a los multimillonarios, ya sean familias o gigantes corporativos. Para pagar esas políticas hay que recortar en los programas sociales que afectan a cientos de millones de personas de clase media y trabajadora. Las Brandine Spuckler pagarán el precio de haber votado a un estafador profesional.
Según los documentos de los fanáticos de MAGA a los que ha tenido acceso Diario16+, el recorte de financiación de Medicaid estará cercano a los 900.000 millones de dólares. Esta reducción de los programas de salud afectará de una manera letal a los centros salud y de maternidad de las zonas rurales que votaron en masa a Trump. Miles de pequeños hospitales rurales cerrarán.
Los enormes recortes de las políticas de Donald Trump reducirán aún más el limitado acceso a la atención médica en las zonas rurales de Estados Unidos porque, además, no afectará sólo a los beneficiaros de Medicaid, sino a los que no dependen del programa. Eso sí, destruirán o harán desaparecer a los centros médicos que dependen financieramente del programa. Esto se dará sobre todo en estados como Arkansas, Colorado, Kansas, Misisipi, Misuri y Texas, es decir, lugares donde la población votó mayoritariamente a Trump.
Las personas afectadas de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares perderán un tiempo crucial al ser trasladadas en ambulancia a hospitales de grandes ciudades. Los profesionales de la salud son unánimes a la hora de afirmar que en caso de un infarto o un ictus las primeras horas son cruciales. Las residencias de ancianos rurales también desaparecerán, lo que sobrecargará a las familias en las regiones más pobres. Además, las embarazadas se verán obligadas a conducir largas distancias para sus controles prenatales y dar a luz, aunque siempre les quedará la opción de parir en la era o en los graneros, como en los tiempos de la colonización.
Bueno, ahora que la política sanitaria está en manos de quien está, esas mujeres siempre podrán acudir a las parteras indígenas o a los chamanes que ejercen la medicina que predica Robert F. Kennedy Jr.