Desmantelar la OMS, una urgencia democrática (II): Motores y tormentas

18 de Mayo de 2024
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A menudo una parábola es la manera más certera de reflejar una realidad. Semejante cosa ocurre con la parábola del aprendiz de aviador contenida en el libro de Fernando Savater “Ética para Amador”un libro de lectura obligada en el curso de ética de bachillerato, en aquellos tiempos pretéritos del BUP. Bien es cierto que, con el tiempo, el que a ustedes se dirige ha desarrollado una cierta antipatía por su autor, pero en aquel momento fue un libro que ayudó a miles de estudiantes a pensar mejor, y es de justicia reconocerlo. La parábola referida narraba una clase teórica de aviación, en la que el profesor planteaba escenarios de vuelo cataclísmicos al alumno, de manera que cada tormenta ficticia sugerida por el profesor inutilizaba un motor, a lo que el alumno respondía usando, de manera también ficticia, otro motor. Llegado un punto, el profesor preguntaba, con cierto hastío, al alumno: “¿De dónde sacas tantos motores?”, a lo que el alumno respondía: “del mismo sitio que tú sacas las tormentas”. A lo largo de este editorial, comprobarán los lectores que la parábola se ajusta como un guante a los hechos que narramos a continuación. El ejercicio es sencillo: simplemente hay que cambiar tormentas por pandemias, y motores por vacunas. 

Recapitulación del capítulo anterior

En el anterior capítulo de esta serie, hablábamos sobre los proyectos de ganancia de función, esos proyectos de virus quimera recombinantes planteados para que éstos ganasen funcionalidad, esto es, hacerlos más letales y peligrosos, adaptando sus características para que los virus en cuestión, que a priori no tendrían capacidad per se de dar el salto zoonótico en condiciones naturales, pudieran infectar a humanos y así tener potencial para crear una pandemia. Estos experimentos, cuya financiación pública había quedado proscrita por una moratoria emitida por la Administración Obama en 2014 (precisamente debido a su alta peligrosidad), se justificaban en el pretendido desarrollo de “contramedidas” en forma de fármacos o vacunas, en virtud de las cuales poderse adelantar a la evolución natural del patógeno y así, presuntamente, evitar futuras pandemias. También hablábamos del inusitado foco mediático que la investigación que tiene lugar un el Subcomité de la Cámara de Representantes deEEUU ha colocado sobre la figura de Peter Daszak, Presidente deEcoHealth Alliance, a cuenta de los trabajos de ganancia de función en el Instituto de Virología de Wuhan (WIV), en esa extraña colaboración entre científicos estadounidenses y chinos. Calificamos dicha investigación como el resultado de una política de control de daños, por la cual Daszak y sus socios serían repudiados, toda vez que la verdadera realidad de la ganancia de función permanecería oportunamente ajena al escrutinio público. Daszak fundamentalmente, y sus adláteres en menor medida, pasarían a la historia como los responsables del desgraciado accidente, como unos descuidados  científicos que practicaron sus experimentos en condiciones de seguridad precarias, haciendo además un mal uso del dinero de los contribuyentes y procurando cubrir sus huellas, dando de este modo un conveniente carpetazo al asunto, y lo más importante, sin que nadie cargue penalmente con las consecuencias.

One Health (Una Sola Salud)

Dicho de otro modo: mostrarnos la punta del iceberg, haciéndonos creer falsamente que es todo el iceberg, y de esta manera evitar miradas incómodas sobre la verdadera dimensión del crimen. Por ello, en este capítulo abordaremos esta espinosa cuestión, si acaso no de manera exhaustiva a nivel cronológico, pero sí con la determinación de plantear una enmienda a la totalidad del concepto de ganancia de función, en relación simbiótica con esa iniciativa llamada pretenciosamente One Health (Una Sola Salud), que inspira de cabo a rabo el Tratado de Pandemias y las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional (RSI) que están a punto de aprobarse en la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud prevista para el próximo 25 de mayo. Si bien Daszak y EcoHealth son parte importante de la estrategia One Health, como veremos en el próximo capítulo, ni remotamente son los únicos responsables.

Ganancia de Función y patentes

Si lo que se pretende es tener un conocimiento más exhaustivo del desarrollo histórico de la ganancia de función, resulta de muy recomendable lectura el libro del abogado y experto en patentes, David E. Martin, de título “ The Fauci COVID 19 Dossier en el que pormenoriza la evolución histórica del desarrollo de patentes alrededor de los proyectos de ganancia de función, creciendo de manera paralela a eso que se llama en el ámbito militar “guerra biológica”. Como era previsible al ser publicado, el libro de Martin fue tildado por los verificadores de hechos del régimen globalista como “teoría de la conspiración”. Sería ésta, sin duda, una “teoría de la conspiración” ciertamente peculiar, habida cuenta de que todos los elementos que demuestran su veracidad provienen de fuentes abiertas y públicas. Sólo se precisa seguir el rastro de patentes, estudios científicos, productos farmacéuticos y beneficios, para comprobar con los ojos propios la sospechosa coincidencia temporal de ciertos eventos. Sin ánimo de fusilar el libro de David E. Martin, un libro muy profuso en documentación, a modo de aperitivo, aportamos a este editorial una serie de enlaces que permitan al lector establecer algunos hitos importantes. Entre sus actores principales, los ya conocidos, Fauci, Baric, Collins, en colaboración con agencias gubernamentales como el NIH o el NIAID. No por casualidad, el NIH cuenta en su haber con una larga lista de 138 patentes, cuyos beneficios económicos resultaban tan opacos que incluso el GAO (Oficina del Gobierno de Estados Unidos de Responsabilidadllegó a reclamar al NIH  que aportase datos sobre el destino y uso comercial de las patentes que pretendidamente habrían generado más de 2.000 millones de beneficios desde 1991 hasta 2019. El propio Fauci consta como dueño de varias patentes, registradas durante los años de su mandato, cuyos beneficios Fauci afirma haber donado a organizaciones de caridad, aunque no haya constancia documental que respalde tal afirmación.  

Entre las primeras patentes que llaman la atención de la larga lista que enumera el libro mencionado, se encuentra una patente propiedad de la empresa Pfizerregistrada con el número U.S. Patent 6,372,224, presentada en 1990, que describe una vacuna basada en aminoácidos para la proteína Spike de un coronavirus canino. Aquella vacuna nunca funcionó, una tónica persistente en los productos génicos de esta índole a lo largo de su historia. Nunca una vacuna contra un coronavirus había funcionado hasta la fecha, y nunca ha funcionado después. Esta patente coincide en el tiempo con la subvención nª AI 23946, concedida en 1986 por el NIAID de Anthony Fauci a la Universidad North Carolina Chapel Hill. Este proyecto dirigido por Ralph Baric, al que a estas alturas de narración huelga presentar, culminó en la patente  presentada en 2002 US7279327B2 , en la que se describía una técnica para “producir coronavirus recombinantes” de modo que estos fuesen “más infecciosos y tuvieran una replicación celular defectuosa”. Derivada del mismo proyecto, en el año 2001, Baric recibió otra subvención del NIAID para un proyecto que habría arrancado un año antes bajo el título "Genética inversa con una construcción de ADNc infeccioso de coronavirus. La patente mencionada anteriormente fue presentada el 19 de abril de 2002, pocos meses antes del primer caso notificado del virus SARS. En 2003, con la pandemia de SARS ya declarada, se aislaba el virus, dando lugar a la patente nº US7220852B1  propiedad de los CDC de Atlanta, que abría la veda para la explotación industrial de contramedidas médicas, así como test diagnósticos. Y como muestra, un botón: desde 1999 a nuestros días, la industria farmacéutica ha registrado más de 5.100 patentes relacionadas con fármacos para el SARS y sus variantes. Sin duda, un suculento negocio. Motores y tormentas.  

Como podrá comprobar el lector, la cadena de coincidencias documentada a lo largo del capítulo anterior no es en absoluto excepcional. De hecho, se puede afirmar sin ningún género de duda que todas las pandemias declaradas en las últimas dos décadas (SARS, MERS, H1N1) han venido precedidas de investigaciones en ganancia de función sobre virus casi idénticos a los descritos en los sucesivos brotes. Desmerece, sin duda alguna, el poder profético que se ha otorgado a algunos simulacros pandémicos, como el famoso Evento 201 organizado por el World Economic Forum y la Fundación Bill y Melinda Gates allá por septiembre de 2019, en el que se vaticinaba un brote pandémico de un coronavirus similar al SARS. Hablaremos de ello en el próximo capítulo. Como hemos señalado anteriormente, no es objeto de este editorial hacer un análisis exhaustivo del discurrir de la industria de creación de virus quimera y la consiguiente producción de vacunas contra esos virus, paralelamente a eso que se ha dado en llamar “Guerra biológica”. Para el lector avezado y con tiempo de investigar, comparto aquí este informe de la Oficina Contra la Proliferación del Ejército del Aire de EEUU, dependiente del Departamento de Defensa, en el que podrá leer cómo se han ido desarrollando de la mano las industrias de la guerra biológica y la de las vacunas. Mención especial merece la reseña que se hace del uso de las terapias génicas como arma en la página 19 del informe.  

Ya ilustrada someramente la relación de causalidad entre los trabajos de ganancia de función y algunas de las pandemias declaradas en este siglo, volvemos a poner el foco sobre los antecedentes de la pandemia del SARS-CoV 2.

Algunos de sus actores principales (Fauci, Baric) siguieron involucrados en este tipo de experimentos. Sin embargo, nuevos jugadores entraron en la partida. Nos referimos, claro está, a los Daszak, Farrar, Zheng Li, Wang, Andersen, etc.. , que supieron percibir las necesidades del incipiente mercado de las “catástrofes” biológicas, y aprendieron a desviar ingentes cantidades de dinero público hacia este mercado emergente. Sólo había que saber contárselo bien a los inversores, en este caso, el Estado. Sirva de ejemplo este artículo de 2013, firmado por varios ilustres de la narrativa pandémica, a saber, Aleksei Chmura, de EcoHealth, Linfa Wang del WIV, Ben Hu (al que algunos investigadores atribuyen ser el paciente cero de la pandemia del SARS-CoV 2), dirigidos por Daszak y Zheng Li, en el que se afirmaba haber conseguido el “aislamiento y caracterización de un coronavirus similar al SARS de murciélago que utiliza el receptor ACE2”. Este artículo, como otros del mismo jaez, reportaban en aquellos momentos suculentas subvenciones para seguir con las investigaciones de ganancia de función, disfrazadas de búsqueda de coronavirus con potencial de salto zoonótico. Dos años después de esa publicación, Zheng Li y Ralph Baric presentaban este estudio, en el que se alertaba de la existencia de colonias de coronavirus en las cuevas de murciélagos de Yunnan con potencial de infección en humanos. Como ya comentamos en el capítulo anterior, la filtración del Proyecto Defuse demostraría que el potencial para infectar a humanos del SARS-CoV2 conectaba precisamente estos hallazgos con los trabajos de ganancia de función, ese sitio de corte de furina insertado entre S1 y S2 que permitía al virus penetrar en el núcleo de la célula a través de sus receptores ACE2 y replicarse, de modo similar al que se describe en este estudio, del cual extractamos una porción de su tenor literal que creemos habla por sí solo:  “(...)Utilizando el sistema de genética inversa del SARS-CoV2, generamos y caracterizamos un virus quimérico que expresa la spike del coronavirus de murciélago SHC014 en una columna vertebral del SARS-CoV adaptada a un ratón. Los resultados indican que los virus del grupo 2b que codifican el pico SHC014 en una columna vertebral de tipo salvaje pueden utilizar de manera eficiente múltiples ortólogos de la enzima convertidora de angiotensina II (ACE2) humana del receptor del SARS, replicarse eficientemente en células primarias de las vías respiratorias humanas y alcanzar títulos in vitro equivalentes a los epidémicos. cepas de SARS-CoV. Además, los experimentos in vivo demuestran la replicación del virus quimérico en el pulmón del ratón con una patogénesis notable (…)  

No conviene olvidar que este estudio se desarrollaba estando todavía vigente la moratoria que pesaba sobre la financiación de los proyectos de ganancia de función decretada por la Administración Obama. Sin embargo, este alarmante estudio venía firmado, a título de investigador principal, por Ralph Baric, profesor de North Carolina Chapel Hill, beneficiario habitual de grandes sumas de dinero de diferentes agencias gubernamentales. Como hemos podido saber en las últimas semanas, la subvención concedida en 2014 a EcoHealth gozaba de exención, por haber sido ésta concedida antes de decretarse la moratoria. Los trabajos siguieron de manera ininterrumpida hasta que en 2017, se derogó la moratoria, por lo que se volvieron a financiar este tipo de proyectos con dinero público. Sin embargo, la respuesta al estudio de Baric no se hizo esperar, ilustrando elocuentemente el agrio debate que tenía lugar al hilo de estos experimentos en el seno de la comunidad científica. Un artículo de un editor de la revista Nature metía el dedo en la llaga del estudio de Baric, consultando a varios expertos en la materia que manifestaban sus reservas, cuando no su total desaprobación, sobre este tipo de investigaciones. 

“El único impacto de este trabajo es la creación, en un laboratorio, de un nuevo riesgo no natural”

De esta manera tan contundente se expresaba en el citado artículo el profesor de Bioquímica de la Universidad de Rutgers, Richard Ebright. Pocos años después, Ebright, junto con Bryce Nickels, compañero en Rutgers, protagonizaría un violento cruce de acusaciones que ha llegado coleando a nuestros días, precisamente con los autores del Proximal Origin, Andersen y compañía, al hilo de su estrategia de encubrimiento de la fuga de laboratorio.  

Y de nuevo, las casualidades hacían su acto de aparición estelar. El 2016 además es un año especialmente prolífico en este sentido. Este año, el 14 de marzo, ve la luz este paper firmado por Baric y Zheng Li, cuyo título, tan elocuente como ominoso, reza del siguiente modo: WIV1-CoV similar al SARS listo para emerger en humanos. Nótese que el virus “listo para emerger” lleva el nombre del Instituto de Virología de Wuhan. Muy lógico, considerando que era allí donde se desarrollaba el virus quimera a partir del cual se hacían los experimentos in vivo que permitían inferir la posibilidad del salto zoonótico. Sin embargo, según el paper, quedaba una pequeña cuestión sin resolver. Un incómodo cabo suelto que ha dado lugar a toda clase de esfuerzos y escorzos intelectuales posteriores para justificar la zoonosis. El virus, según afirmaba el paper, tenía una capacidad “limitada” de infectar a humanos, y para que el virus pudiese saltar definitivamente con potencial para crear una pandemia, se precisaba de un hospedador intermedio con mayor coincidencia genómica con los humanos que el murciélago. Es aquí donde entran en escena pangolines y perros mapache, que trufaron tanto el Proximal Origin de Andersen como el posterior intento a la desesperada de revestir la narrativa zoonótica de aspecto científico, dirigido por Edward Holmes, cuyo contenido fue filtrado a The Atlantic antes siquiera de que el paper, en el que se pretendió sustanciar la panoplia de especulaciones sobre perros mapache en el mercado de Wuhan, viera la luz. Un notable esfuerzo narrativo sin duda, en que se confunden deliberadamente los conceptos de “indicio” y “evidencia”, ya que evidencias, lo que se dice evidencias, no hay. 

También en 2016, apenas dos semanas después de que el paper de Baric y Zheng Li fuese publicado, tendría lugar el registro de esta patente de Moderna  mencionada en el anterior capítulo de esta serie, cuya secuencia de proteínas encajaba sospechosamente con la secuencia del virus, precisamente en el sitio de corte de furina que presuntamente habilitaba al virus a introducirse en el núcleo de la célula y comenzar a replicarse. Ya saben ustedes, cosas del azar, que es caprichoso. Stephane Bancél, a la sazón CEO De Moderna y extrabajador de la farmacéutica BioMérieuxcontestaba de esta manera al ser preguntado por esta “coincidencia”. Ya ven ustedes. Al CEO de Moderna no le resultaba en absoluto ajena la posibilidad de la fuga de laboratorio. Y es que Bancél es, a nuestro juicio, uno de los grandes tapados de esta historia, quedando al margen de los focos de manera frecuente, pese a su llamativa trayectoria y sus sorprendentes declaraciones. Como hemos señalado, este científico francés, había formado parte de la compañía BioMérieux, con un papel clave en la puesta en funcionamiento de varios laboratorios en el Instituto de Virología de Wuhan. Precisamente cambio de trabajo en el año 2013, cuando la compañía Moderna recibió una subvención de la Agencia de Estudios Avanzados de Defensa (DARPA), precisamente para desarrollar terapias génicas basadas en la tecnología ARNm, justo dos semanas antes de que Daszak y Zheng Li publicasen el hallazgo de las colonias de coronavirus con potencial de salto zoonótico. Como pueden comprobar los lectores, los tiempos tienden a coincidir. Con toda seguridad se preguntarán ustedes sobre la pertinencia de que una compañía farmacéutica desarrolle terapias génicas por encargo del Departamento de Defensa. Para contestar a esa pregunta, les remito al informe sobre guerra biológica compartido con anterioridad, en el que se detalla como los pretendidos avances biomédicos discurren en esa difusa frontera entre lo militar y lo médico. Ya saben ustedes, los motores y las tormentas.   

Quizás sea también fruto de la casualidad, o de la maledicencia de los amigos de las teorías de la conspiración que tanto se afanan en unir los puntos, pero estas declaraciones de Bancél en el Foro de Davos de 2022 sobre la capacidad de su empresa en la producción de vacunas en 2019 llaman mucho la atención. No añadiremos nada más para no condicionar a los lectores. Así lo expresaba Bancél

Entonces la gran noticia versus 2020, donde estamos hoy, es que tenemos capacidad de fabricación. Como sabe Seth, cuando ocurrió la pandemia, Moderna había fabricado 100.000 dosis en 2019 para todo el año. Y recuerdo que entré en la oficina de fabricación y dije: '¿Qué tal si fabricamos mil millones de dosis el año que viene? Y me miran un poco raro y dicen: “¿Qué?” Y yo digo: 'Sí, necesitamos fabricar mil millones de dosis el año que viene, habrá una pandemia”.

¿El señor Bancél sabía que habría una pandemia en febrero de 2019, diez meses antes de la declaración oficial del primer caso? Si bien es cierto que el CEO de Moderna no habla de una pandemia de coronavirus, lo cierto es que cuanto más se indaga en los hechos que conforman esta truculenta historia, más certeza se tiene de que las casualidades, o bien no existen, o bien son en realidad causalidades. Sea como fuere, la patente de Moderna ya mencionada, dio lugar a esta otra registrada poco después, que sería la base de la vacuna de ARNm ganadora de la Operación Warp Speed, organizada en mayo de 2020 por la Administración Trump, con el objeto de elegir las mejores candidatas a vacunas contra el COVID-19. A mayor abundamiento, la base tecnológica que sustentó la patente es la misma que la de la vacuna de Pfizer, lo que ha dado lugar a una demanda de Moderna contra Pfizer, precisamente por vulneración de la propiedad intelectual. A la luz de los hechos, la parábola del estudiante de aviación aplicada a nuestro relato cobra por fin un sentido completo. ¿De dónde sacas tus vacunas? Del mismo lugar del que sacas las pandemias. 

Es intención de nuestro extenso relato hacer cognoscibles para nuestros lectores en lengua hispana las diferentes tramas que han dado lugar a esto que se ha dado en llamar “pandemia del coronavirus”. El encubrimiento de las actividades en el ámbito científico-militar, la relación entre el desarrollo de patógenos y las correspondientes contramedidas médicas en forma de vacunas han sido el objeto fundamental de estos dos primeros capítulos de nuestra serie titulada Desmantelar la OMS, una urgencia democrática.

Hasta ahora sólo hemos expuesto hechos relevantes, relaciones de interés, datos verídicos, comprobables y fehacientes con los que pretendemos, humildemente, arrojar luz sobre la trastienda de las políticas sanitarias globales, en virtud de las cuales se pretende aprobar en las próximas semanas un tratado de pandemias.  

Próxima entrega

En nuestro próximo capítulo, el lector podrá analizar los hechos que han tenido lugar de otra manera, y quizás plantearse la aprobación del Tratado de Pandemias y de las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional bajo otro prisma. Pasamos, por tanto, al escenario principal, ese que está a la vista de todos, ese en el que los planes globalistas se materializan. Abordaremos la cuestión política que subyace, la difusión de un relato interesado, el condicionamiento a marchas forzadas de la opinión pública y de la labor legislativa de los parlamentos mediante el uso del terror mediático, la posverdad y de manera muy significativa la censura ejercida contra las personas que, por mera honestidad intelectual, hemos planteado de manera ética y responsable nuestro derecho constitucionalmente amparado al acceso a una información veraz. Trataremos el modo en que el poder global, encarnado singularmente en sus entes globalistas y sus acólitos gubernamentales, han conspirado para laminar de manera, veremos si definitiva, la soberanía de las naciones y la dignidad de los individuos.  Decía Arquímedes aquello de “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Como podremos comprobar en el siguiente capítulo, ese punto de apoyo es la OMS, y la palanca es la Iniciativa One Health.  

 

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