Dos días antes de que entre en vigor la nueva oleada de aranceles de Estados Unidos, la Unión Europea se encuentra en plena fase de contención y preparación. Mientras Donald Trump eleva la tensión comercial con sus medidas proteccionistas, Europa afila sus herramientas de defensa. El ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha viajado a Bruselas para enviar un mensaje claro: la UE está lista para responder.
“Tenemos los instrumentos suficientes para defendernos y defender los intereses de nuestras empresas y nuestras industrias”, ha afirmado Cuerpo a las puertas de la Comisión Europea tras reunirse con Maros Sefcovic, comisario europeo de Comercio. Entre esos “instrumentos” está el mecanismo anticoerción, una herramienta legal comunitaria que nunca se ha utilizado, pero cuya activación se contempla por primera vez ante la magnitud del ataque arancelario estadounidense.
Europe did not start the tariff confrontation.
— Ursula von der Leyen (@vonderleyen) April 1, 2025
Tariffs are taxes, paid by the people.
But Europe has everything to protect our people and our prosperity.
We will always promote & defend our interests and values.
And we will always stand up for Europe. https://t.co/l4xeJOAScz
Un nuevo frente comercial
Este miércoles, Donald Trump ha bautizado la jornada como el “Día de la Liberación”, en un gesto cargado de simbolismo nacionalista. Desde la Casa Blanca, se espera que anuncie nuevos aranceles "recíprocos" dirigidos a aquellos países que imponen gravámenes a los productos estadounidenses. Aunque los detalles concretos se mantienen en secreto, el mensaje es inequívoco: se avecina una ofensiva arancelaria sin precedentes.
La primera batería afectará al acero y al aluminio, pero se espera que nuevas medidas impacten en sectores como el automovilístico o el tecnológico. La incertidumbre reina entre los inversores, con las Bolsas europeas en números rojos y el oro alcanzando niveles récord como refugio ante la inestabilidad.
“Tranquilidad y confianza”, ha insistido Cuerpo. “Desde la Unión Europea y desde España estamos preparados para proteger a aquellos sectores que puedan verse afectados”.
Trasladamos un mensaje de tranquilidad y confianza a la ciudadanía, empresas y sectores potencialmente afectados.
— Carlos Cuerpo (@carlos_cuerpo) March 31, 2025
🇪🇺 Desde la UE y España estamos preparados para proteger nuestra industria y nuestras empresas con las herramientas adecuadas, de forma justa y proporcional. pic.twitter.com/OfV6s7L6LZ
La herramienta anticoerción: ¿un punto de inflexión?
Uno de los temas clave que se baraja en Bruselas es la aplicación del instrumento anticoerción. Se trata de una legislación aprobada en diciembre de 2023 para que la UE pueda responder a presiones económicas externas. Esta herramienta permite imponer contramedidas como restricciones a la importación y exportación, aumento de aranceles o incluso medidas relacionadas con la propiedad intelectual.
Francia ya ha pedido públicamente a la Comisión que lo utilice. España, por su parte, no lo descarta. “El instrumento anticoerción forma parte del conjunto de herramientas que tenemos, y no se descarta nada a priori”, ha aclarado Cuerpo.
Desde la UE queremos avanzar en reforzar nuestras alianzas estratégicas. España apuesta por ratificar el acuerdo con Mercosur y avanzar hacia un verdadero mercado interior europeo.
— Carlos Cuerpo (@carlos_cuerpo) March 31, 2025
➡️Más resistencia y resiliencia para nuestras industrias y empresas pic.twitter.com/WzOcxuBr5c
Este instrumento, sin embargo, exige una evaluación jurídica precisa para justificar que existe una verdadera coerción económica por parte de un tercer país. Si Trump impone aranceles generales sin distinguir entre países, su aplicación podría encontrar trabas legales. Pero si se demuestra que la medida busca forzar a la UE o a un Estado miembro a modificar alguna política concreta —por ejemplo, sobre energías, tecnología o impuestos digitales—, su uso podría estar plenamente justificado.
Repsol y el frente venezolano
Otro de los asuntos que preocupa al Gobierno español es el veto a Repsol para operar en Venezuela. La decisión de Washington de revocar los permisos a las petroleras que extraen crudo en el país latinoamericano amenaza con cortar una fuente estratégica de ingresos para la empresa española.
“Estamos en diálogo constante con la compañía para acompañarles y tratar de encontrar una solución que les permita mantener su actividad en la medida de lo posible”, ha explicado Cuerpo. El Ejecutivo español mantiene abierta la vía diplomática con la Administración estadounidense para evitar un conflicto mayor.
Llamamientos a la unidad y a la acción
Desde diferentes frentes políticos se ha instado al Gobierno a tomar medidas coordinadas. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha reclamado a Pedro Sánchez un “plan de contingencia” que implique a las comunidades autónomas. “No es el día de la liberación, es el día de la preocupación”, ha declarado, criticando duramente la estrategia comercial de Trump y pidiendo firmeza ante una amenaza directa a productos europeos y españoles.
Por su parte, el ministro de Industria, Jordi Hereu, ha subrayado que España y Europa están “trabajando activamente para proteger la economía” y evitar una escalada de represalias que solo llevaría a “una situación en la que todos salimos perdiendo”.
Mercados en vilo, Europa en pie
La guerra comercial lanzada por Trump ha colocado a Europa ante una encrucijada. De no mediar acuerdo, las medidas proteccionistas podrían golpear de lleno a sectores clave del comercio internacional. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ya ha advertido que “todos los instrumentos están sobre la mesa”, sin excluir el más contundente: el instrumento anticoerción.
El mensaje de Bruselas, respaldado por Madrid, es claro. La UE no quiere una guerra comercial, pero no se quedará de brazos cruzados. Con miles de millones de euros en juego, empresas como Repsol bajo presión y la estabilidad de los mercados pendiendo de un hilo, la respuesta europea se perfila como una de las decisiones más importantes en la política comercial del continente en los últimos años.
Y aunque la diplomacia sigue siendo la vía preferida, Europa se prepara. Porque esta vez, la amenaza no viene de un enemigo lejano, sino del otro lado del Atlántico.