El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desatado una tormenta global con el anuncio de una nueva batería de aranceles “recíprocos”, en un intento por redefinir el comercio internacional y, según sus propias palabras, “poner a Estados Unidos en primer lugar”. Desde la Rosaleda de la Casa Blanca, en un evento bautizado como Make America Wealthy Again (“Haz América rica de nuevo”), Trump ha cargado contra sus socios comerciales, especialmente contra la Unión Europea, a la que acusa de aprovecharse durante décadas.
Desde la Rosaleda de la Casa Blanca, en el evento Make America Wealthy Again, Trump cargó contra sus socios comerciales, especialmente contra la Unión Europea, a la que acusó de aprovecharse durante décadas de la economía estadounidense.
“Vamos a apoyar a nuestros productores. Hoy vamos a defender a los trabajadores de EE. UU.”, dijo, recuperando el tono épico con el que ha bautizado este día como “la liberación”.
Una de las medidas más destacadas es la imposición de un arancel del 20% a todos los productos europeos, una decisión que pone en jaque a sectores clave como el automóvil, la alimentación o la industria tecnológica. “Nos cobran un 39%, nosotros les vamos a cobrar un 20%. No es del todo recíproco, pero es justo”, explicó el mandatario mientras mostraba una tabla con los nuevos porcentajes, aunque sin detallar cómo se han calculado.

Una tabla confusa y muchas incógnitas
Durante su intervención, Trump sacó una tabla impresa con cifras de aranceles que, según él, cobran otros países a Estados Unidos. Mencionó que China impone un 67% a sus productos, mientras que EE. UU. solo aplica un 34%, y que la UE grava con un 39% mientras que Washington apenas alcanzaba el 2,5% en muchos casos. La nueva política, aseguró, busca equilibrar esa diferencia. “Espero que no se enfade nadie”, añadió con tono irónico.
China: 67% (EE. UU. responderá con un 34%)
Japón: 24%
India: 26%
UE: 39% (EE. UU. impondrá un 20%)
No obstante, no explicó el método de cálculo de esas cifras, ni mencionó los altos aranceles que ya impone EE. UU. a productos extranjeros en sectores como el azúcar, el calzado, los productos agrícolas o el acero. “Nos están haciendo una nación más pobre”, afirmó, justificando su ofensiva como una medida de “justicia económica”.
“Vamos a apoyar a nuestros productores. Hoy vamos a defender a los trabajadores de EE. UU.”, dijo, recuperando el tono épico con el que ha bautizado este día como “la liberación”.
Golpe directo al motor europeo
Uno de los sectores más golpeados por esta decisión será el de la automoción europea. El presidente ha confirmado que a partir del 2 de abril entrarán en vigor aranceles del 25% a todos los vehículos y componentes fabricados fuera de Estados Unidos. Esto afecta directamente a países como Alemania, Francia, Italia y España, que mantienen importantes exportaciones de vehículos a suelo estadounidense.
Trump justificó la medida como una forma de reindustrializar el país. “El 2 de abril será recordado como el día en que la industria de EE. UU. volvió a nacer, las fábricas volverán a rugir”, proclamó. Pero economistas advierten que estas decisiones pueden tener efectos adversos a corto plazo, con subidas de precios para los consumidores y una posible ralentización de la economía global.
Impacto desigual: las familias más pobres, las más afectadas
Los aranceles no afectan a todos por igual. Según datos del Yale Budget Lab, si los países afectados responden con medidas similares, las familias con menos ingresos en EE. UU. pueden perder hasta un 5,5% de su renta disponible, tres veces más que las más ricas. Aunque Trump asegura que esta política traerá “trillones y trillones de dólares” que servirán para bajar impuestos y reducir la deuda, los efectos sobre la inflación y el poder adquisitivo son motivo de preocupación.
Además, el dólar se desplomó un 0,6% frente a una cesta de monedas extranjeras mientras hablaba Trump, lo que muestra la incertidumbre en los mercados financieros ante el impacto de las nuevas tarifas.
Europa reacciona con cautela, pero sin descartar represalias
Desde Bruselas, la reacción no se ha hecho esperar. Aunque la Comisión Europea no ha anunciado aún contramedidas concretas, fuentes comunitarias aseguran que se analizarán opciones legales ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). “No buscamos una guerra comercial, pero sabremos defendernos”, afirmaron desde el entorno de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
No sería la primera vez. En 2018, cuando Trump impuso aranceles al acero y al aluminio europeo, la UE respondió gravando productos emblemáticos estadounidenses como el bourbon, las motos Harley-Davidson o los cereales, en un intento de presión simbólica y económica.
Una estrategia con tintes electorales
El anuncio se produce en plena carrera electoral estadounidense. Trump, que aspira a la reelección, intenta consolidar el apoyo de los trabajadores industriales, agricultores y ganaderos, sectores clave en los estados del medio oeste. “Vamos a apoyar a nuestros productores. Hoy vamos a defender a los trabajadores de EE. UU.”, aseguró.
Sin embargo, su historial no juega del todo a su favor: durante su primer mandato, muchos agricultores afectados por los aranceles a China tuvieron que ser rescatados con ayudas públicas, ante el desplome de sus exportaciones. Esta vez, el presidente no ha descartado repetir ese esquema de compensaciones.
¿Hacia una guerra comercial sin retorno?
La nueva ronda de aranceles anunciada por Trump marca un giro aún más agresivo en su política económica. Presentada como una “declaración de independencia económica”, la medida busca forzar a otros países a bajar sus propias barreras. Pero también puede provocar una oleada de represalias que aísle a EE. UU. del comercio global.
Muchos expertos advierten del peligro de esta estrategia. “Trump está jugando con fuego. Puede salirle bien si logra acuerdos rápidos, pero si no, el daño para las cadenas de suministro y los consumidores será enorme”, alerta la economista internacional Laura Rivas.
Por ahora, el mundo contiene la respiración. La Unión Europea estudia su respuesta, los mercados tiemblan, y el presidente de EE. UU. ha dejado claro que no piensa dar un paso atrás. El arancel del 20% a Europa es solo el primer disparo en una nueva guerra comercial que puede cambiar, otra vez, las reglas del juego económico mundial.