Esta semana, la primera agenda política de Donald Trump, que prioriza el hacer más ricos a sus partidarios ricos, incluido su mayor donante de campaña, Elon Musk, y dejar que los trabajadores estadounidenses paguen la factura, está en plena forma. Trump ha despedido, según publicó la agencia Reuters, despidió a 6.700 empleados del IRS (la Agencia Tributaria de los Estados Unidos). Es decir, empleados que investigan y luchan contra la evasión fiscal. Evidentemente, esta decisión de la administración Musk-Trump facilitará que los multimillonarios eviten pagar los impuestos que, según la ley, les corresponde.
Según anunció el comisionado del IRS, Danny Werfel, los informes internos de la agencia de lucha contra el delito tributario demuestran que la evasión fiscal por parte de los multimillonarios supera los 150.000 millones de dólares anuales.
«Cuando miro lo que llamamos nuestra brecha fiscal, que es la cantidad de dinero que se debe en comparación con lo que se paga, los millonarios y multimillonarios que no declaran sus impuestos, o que declaran menos de lo que deben, eso representa 150.000 millones de dólares de nuestra brecha fiscal», afirmó Werfel en una entrevista a CNBC.
Esta cifra demuestra la razón principal por la que los ultrarricos se lanzaron como fanáticos a apoyar y llenar de millones las arcas de la campaña de Trump. La decisión de la nueva administración de despidos masivos en el IRS es una parte del pago a esos bolsillos profundos que, en realidad, no financiaron la campaña de Trump, sino que invirtieron ese dinero, que supone un porcentaje ínfimo de sus fortunas, para obtener beneficios. Ahora, el presidente les ha dado patente de corso para seguir evadiendo impuestos y explica la agenda de la Casa Blanca.
Esta «legalización» de la evasión fiscal de los multimillonarios, evidentemente, generará que la deuda pública estadounidense se dispare, como ya sucedió durante el primer mandato de Trump. ¿Cómo se pagará todo el dinero que le hará falta?
La receta de Trump y los fanáticos de MAGA es sencilla: que lo paguen los trabajadores. Los republicanos están planeando recortar, incluso retirar, la atención médica de 79 millones de estadounidenses, así como desmantelar hospitales y centros de salud comunitarios, de los que dependen varios millones más. Así lo demuestran los documentos publicados por Diario16+ de la agenda republicana en el Congreso.
Trump comenzó la semana mintiendo. Dijo que Medicare y Medicaid no serían tocados, a pesar de su historial de intentos infructuosos de recortar su financiación crítica en su primer mandato. Luego, rápidamente cambió de rumbo al respaldar el plan presupuestario de los republicanos de la Cámara de Representantes, que, según señala el documento, «busca hasta 880.000 millones en recortes de Medicaid».
Un grupo de republicanos no pertenecientes al sector fanático de MAGA han remitido una carta al presidente del Congreso, Mike Johnson, en la que reclaman, precisamente, que no se recorten «programas críticos que devastarían a millones de estadounidenses». La misiva, a la que Diario16+ ha tenido acceso y que está remitida por el presidente de la Conferencia Hispana del Congreso, el republicano por Texas Tony Gonzales, está también firmada por los congresistas republicanos Mónica de la Cruz (Texas), Nicole Malliotakis (Nueva York), Juan Ciscomani (Arizona), David Valadao (California), James Moylan (Guam), Rob Bresnahan (Pensilvania) y Kimberlyn King-Hinds (Islas Marianas del Norte).
La estrategia de Donald Trump es clara: facilitarle a él, a Elon Musk y a sus donantes aumentar sus beneficios y riquezas, no hacer nada para reducir los gastos para los trabajadores estadounidenses y dejar que ellos paguen el precio con recortes dramáticos a su atención médica.