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La convención nacional del PP no le interesa a nadie

El acto avanza entre el tedio y la nada, si bien es verdad que el volcán de La Palma le ha restado todo el protagonismo

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análisis

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Pablo Casado había soñado con una convención nacional del PP espectacular, histórica, una puesta en escena que ni un decorado de Cecil B. DeMille. No en vano, el acto estaba diseñado para que el muchacho pudiera lucirse y proyectar su idea de España a todo el país y al mundo entero. Sin embargo, han transcurrido ya dos jornadas del evento y lo único que se puede decir es que la cosa está pasando con más pena que gloria. Es preciso llegar hasta las páginas centrales de los principales periódicos nacionales para encontrar una información sobre el asunto y ni siquiera los diarios de la caverna se están volcando con la convención que, dicho sea de paso, está resultando un auténtico muermo.

Lo que iba a ser una gran superproducción hollywoodiense ha quedado en un capítulo cutre de Cuéntame, unas charlas de mantita y brasero, y ya podemos decir que este bodrio no le interesa a nadie. Lo que estaba pensado como una tormenta de ideas ha devenido en algo tormentoso. Es cierto que con Puigdemont de acá para allá como el doctor Richard Kimble de El Fugitivo, y con el volcán de La Palma ocupando todas las portadas y minutos de televisión, una rutinaria reunión de partido queda como segundo plato en todas las redacciones periodísticas. En eso el eterno aspirante a la Moncloa ha tenido mala suerte. Si Pedro Sánchez es gafe, tal como insinúan algunos, el líder del PP no lo es menos, ya que organiza un bodorrio por todo lo alto y se lo arruina la ceniza de La Palma. Pobre Pablo.

Y mira tú que Mariano Rajoy estuvo bien como telonero el primer día y contribuyó a levantar las audiencias. El expresidente no necesitó caer en ningún trabalenguas imposible de los suyos para polarizar la información y le bastó con soltar un par de titulares para atraer la atención de los focos y los medios. El gallego sabe lo que se hace y cuando se sube a un escenario le basta con colocar una idea fuerza que saque del letargo y del bostezo a los asistentes. Esa sugerencia al heredero de que tendrá que cambiar la ley de pensiones cuando llegue a la Moncloa, aunque le monten “una huelga” general, fue sencillamente un golpe maestro. Los viejos roqueros nunca mueren. Ve aprendiendo, Pablete.

Con todo, llama la atención lo voluble e incoherente que es este Casado. Se ha tirado media legislatura despotricando del marianismo blando, diciendo que este PP ya no es aquel PP de la corrupción, renegando del pasado y del legado, y a las primeras de cambio va y se deshace en elogios y no para de echarle flores al expresidente gallego. “Dejaste un país mejor que el que habías encontrado”, le dijo haciéndole la rosca sin el menor pudor. Hace falta ser pelota.

Más allá de la actuación estelar de Rajoy, autor de las grandes citas y sentencias para la posteridad como “nos suben hasta el IVA de los chuches” y “ETA es una gran nación”, poco más. La convención va avanzando entre el tedio y la nada hasta que llegue la hora de que ella, la diosa, la diva, entre en escena y suba al escenario. Todos aguardan el clímax, la intervención de Isabel Díaz Ayuso, el cara a cara entre Pigmalión y su Galatea. El público ha comprado la entrada para ver esa película de romances rotos y todo lo demás, las ponencias sobre economía, paro, impuestos, el papel de España en el mundo y otros latazos, mal que le pese al organizador, importan más bien poco a los periodistas y al gran público. El morbo es así.

Ayer, otros dos comparsas de nivel como el expresidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el expresidente del Parlamento de la UE, Antonio Tajani, trataron de amenizar otra jornada plúmbea, plomiza, insoportable. Ni siquiera ellos pudieron evitar que los periodistas pasaran mucho del asunto y se salieran a la cafetería para tomarse algo y olvidar. Tampoco ayuda demasiado que la segunda jornada se haya celebrado en Valladolid (jugando en casa, el partido tiene poco aliciente), ni el título elegido para la ocasión –Nación y sociedad abierta, que no dice nada y lo dice todo–, ni siquiera que la convención se haya convertido en una ajetreada road movie o gira turística por España, lo cual dispersa la atención, despista al personal y le resta interés al acto.

En fin, que entre unas cosas y otras, y a falta de momentos más apasionantes, el sarao de la convención del PP de momento no le está reportando demasiada gloria ni demasiado rédito político al sempiterno aspirante al Gobierno de España. Tendrá que esperar a las jornadas venideras a ver si los medios se animan, le dan su minuto de gloria en los telediarios y le permiten echar el sermón de siempre sobre los bilduetarras-separatistas-amigos-de-Sánchez que, a falta de un proyecto serio de país, es el único discurso que le queda ya en la carpeta. Aunque para decir eso no hacía falta tanto decorado. Pena de hombre.   

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