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La globalización, el gran negocio para que los ricos sean más ricos

Desde el año 1965 se han producido una serie de factores en los que los países han decidido reducir las tasas impositivas sobre las rentas del capital, es decir, en las que se mueven el 1% más rico del mundo, y se han incrementado en las rentas del trabajo

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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La globalización ha tenido efectos muy positivos para toda la población mundial, de eso no hay ninguna duda. Sin embargo, los verdaderos beneficiados han sido los más poderosos, los hombres, mujeres, familias y grandes empresas que en el momento actual son las que realmente ostenta el poder real.

Los poderosos del mundo, que concentran su riqueza en las principales potencias económicas, han llegado a un punto en el que han tomado el poder, incluso, de las democracias más avanzadas de Europa y Norteamérica.

La globalización les ha supuesto un verdadero negocio redondo, puesto que está permitiendo que la brecha de desigualdad se incremente y ese 1% de la población mundial ya acapare más del 70% de los recursos del planeta.

Las tasas impositivas efectivas sobre el trabajo y el capital convergieron globalmente desde la década de 1960, debido a un aumento de 10 puntos porcentuales en los impuestos sobre el trabajo y una disminución de un 5% en las tasas sobre el capital.

La disminución de los impuestos sobre el capital se concentra en los países de ingresos altos impulsada por el colapso de los impuestos sobre las ganancias corporativas. Por el contrario, los impuestos sobre el capital aumentaron en los países en desarrollo desde la década de 1990, aunque desde una base baja.

El aumento de los impuestos sobre el capital en los países en desarrollo puede explicarse por un efecto de capacidad tributaria del comercio internacional: la apertura comercial conduce a una concentración de la actividad económica en estructuras corporativas formales, donde los impuestos sobre el capital son más fáciles de imponer.

La integración económica internacional reduce las tasas impositivas legales, debido a una mayor competencia fiscal. En los países de altos ingresos, este efecto negativo de la lucha por menores impuestos del comercio ha dominado, mientras que en los países en desarrollo parece haber prevalecido el efecto positivo de la capacidad fiscal del comercio internacional.

Los aumentos en el comercio también dan como resultado una mayor proporción de la producción en el sector corporativo formal (donde los ingresos son más fáciles de observar y, por lo tanto, de gravar) y conducen a una disminución en el trabajo por cuenta propia.

En pocas palabras: la globalización ha tenido efectos asimétricos en las estructuras tributarias, contribuyendo a la disminución de la progresividad fiscal en los países ricos, pero también al crecimiento de la capacidad tributaria en los países en desarrollo.

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