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«Mi pueblo y mis raíces», un viaje a la memoria histórica de Leonor Almendros en el corazón de la Alpujarra

La ONCE lanza su edición en braille, audiolibro y papel de la obra de la autora granadina

Juan Carlos Ruiz
Juan Carlos Ruiz
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Información
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análisis

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Leonor Almendros Rodríguez nació en 1925, y se crio y vivió en Cástaras (Granada) hasta mediados del siglo XX. Era la cuarta hija del matrimonio formado por María Rodríguez y José Almendros, casados en 1908. Leonor creció en un hogar de labradores típico de la Alpujarra. Labradores: herederos de aquellos hombres que dieron vida a la tierra en el siglo XVI tras la devastadora guerra de los moriscos. Labradores, en el sentido más sobrio de la palabra, es decir, pequeños hacendados que cultivan sus tierras por cuenta y medios propios, a veces con la colaboración de otros paisanos que se ayudaban mutuamente mediante la multisecular figura solidaria del tornapeón. Y también artesanos, porque José ejercía ocasionalmente de albañil, oficio aprendido en lejanas tierras de ultramar, y María, como acreditada modista entre sus paisanas, contribuía a la economía familiar confeccionado vestidos y con otras labores afines, actividad de la que fueron continuadoras sus hijas en el mismo pueblo y en otras latitudes, con tal notoriedad que sus servicios se demandaron en palacios e iglesias para vestir a reinas y a vírgenes.

Recibió educación primaria en la Escuela Unitaria de Niñas de Cástaras, donde se seguía el plan de estudios establecido por reforma educativa de corte liberal, influenciada por los ideales krausistas de la Institución Libre de Enseñanza, llevada a cabo por el conde de Romanones en 1902, y que estaba a cargo de Doña Isabel, maestra que formó a varias generaciones de castareñas desde 1926 hasta 1961.

Leonor Almendros junto a su madre María | Foto: Herederos de Leonor Almendros Rodríguez

Comienza la guerra

Pero Leonor asistió poco tiempo a aquella escuela, ni siquiera llegó a completar los tres grados en que se dividía la educación primaria de entonces, y su formación escolar quedaría truncada cuando iba a cumplir once años, por la huida de la maestra a la zona nacional al comienzo de la guerra civil. No obstante, continuaría recibiendo el influjo cultural acrisolado en el hogar familiar a lo largo de generaciones, especialmente a través de su hermana María, mujer inteligente, culta, autodidacta, muy habilidosa y de buen gusto, que fue nombrada maestra provisional por el Comité de Defensa de Cástaras para ejercer en el pueblo durante la guerra civil.

Una familia perseguida

Le toco vivir una época en la que sus coterráneos andaban empeñados en negarse la convivencia. Y bien caro que lo pagaría, porque las actividades políticas de su padre, que fue alcalde de Cástaras en los convulsos años de la II República, así como promotor de centros político-sociales locales y de otras actividades de signo izquierdista, fueron causa de persecución, represalias y acoso para toda la familia, por parte de las autoridades del bando triunfador, al término de la contienda.

El tránsito de la pubertad a la adolescencia y plena juventud de Leonor coincidió precisamente con el final de la guerra y con los grisáceos tiempos de posguerra. Los años más felices de su vida, en los que despertó su primer amor, precisamente con un guardia civil que llegó destinado a Cástaras en el marco de la represión de la guerrilla antifranquista, origen de la mayor tragedia acaecida en el lugar desde la
guerra de los moriscos, que costaría la vida a varios castareños, y que, para Leonor, sería motivo indirecto de un trágico desengaño amoroso con la pérdida del amor de su vida,
como ella misma cuenta con amargura en un capítulo del libro.

Algún tiempo después, ya cicatrizadas sus heridas del alma tras varios años de abatimiento, contrajo matrimonio y abandonó Cástaras definitivamente para continuar su agridulce peregrinar por otros lugares: primero en Granada, donde engendró y formó a una numerosa familia de ocho hijos y tres más nacidos del anterior matrimonio de su marido, y luego en Tarragona y en Barcelona.

Leonor Almendros durante la presentación de su libro «Gaviota en vuelo» | Foto: Herederos de Leonor Almendros Rodríguez

Producción literaria

Llegada a la madurez y tras haber criado a sus hijos, con tan colmado bagaje de vida, despertó en Leonor la vocación literaria que anidaba en ella desde sus días de escuela y escribió una obra autobiográfica que con absoluto acierto titularía «Una vida con espinas». No quedó ahí su afición, sino que continuó con una rica y variada producción literaria que abarca desde la poesía (Vida y amor; Gaviota en vuelo; La sombra del destino; Sabor a vida; Mis pensamientos románticos) hasta la novela (Marinera; Una gata en celo), pasando por el relato (Mi viaje a California) o el cuento (Cuentos basados en mis sueños; El fantasma viajero), así como la colaboración en revistas (Memorandum) y grupos literarios en el ámbito de Tarragona y Barcelona, ciudad esta última en la que fundó una tertulia para divulgar poesía y literatura por casas regionales y centros de jubilados.

Una historia real

No podía Leonor dejar de lado los recuerdos de la tierra natal y de su familia, las historias aprendidas a la luz del candil, junto a la lumbre, o al calor del brasero, en la mesa camilla. Y así surgió esta obra: «Mi pueblo y mis raíces», una historia real en la que con un estilo sencillo, amigable, muy vivo, nítido, peculiar, de vez en cuando naíf y por momentos poético, Leonor va desgranando una simpática y a veces desconcertante mezcolanza que parece brotar a borbotones de su corazón. El resultado: un cuaderno de notas en bruto, tal y como salió de su pluma, sin estudiados retoques ni cambios artificiosos. Contiene recuerdos e impresiones de los gozosos momentos de infancia y juventud, de las dolorosas circunstancias de la guerra civil y la posguerra, de las historias, fantasías y leyendas de la saga familiar, de costumbres y tradiciones castareñas, de entrañables recuerdos, en fin, como si de un potaje de puñaicos cocido en Cástaras, convertida en colosal olla de remembranzas, se tratara.

La autora antes de su fallecimiento durante la pandemia de COVID-19 | Foto: Herederos de Leonor Almendros Rodríguez

La ONCE lanza su edición en braille, audiolibro y papel

El manuscrito está datado en 1983 en Barcelona, a donde Leonor se había trasladado para acercarse a su hija menor, necesitada de especiales atenciones y de mucho cariño, y se realizó una edición, casi menestral, allí en la Ciudad Condal, con depósito legal de 2003.

La obra «Mi pueblo y mis raíces» fue editada y presentada inicialmente por la web Recuerdos de Cástaras. Ahora, la ONCE lanza la edición en braille, audiolibro y papel (sólo disponible en delegaciones territoriales).

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