Miguel Tellado, un síntoma más del miedo y la debilidad de Feijóo

28 de Noviembre de 2023
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Alberto NúñezFeijóo ha sustituido a Cuca Gamarra por Miguel Tellado, un duro de su máxima confianza, al frente de la portavocía del grupo parlamentario popular. La decisión debe ser interpretada, sin duda, como el enésimo intento del mandatario conservador por controlar el partido (allí cada cual dicta línea editorial según le parece) y también como una nueva estrategia todavía más extremista para hacer frente a los años de ardua travesía en el desierto que le quedan al PP como principal partido de la oposición.

No es que doña Cuca vaya a pasar precisamente a la historia de España como la portavoz moderada y comedida que dio a la formación de la gaviota la pátina de derecha a la europea que desde hace tiempo necesita esa fuerza política. Algunas de sus intervenciones cara a cara con Sánchez han sido de lo más coléricas y desagradables que se recuerdan, pura bilis con mucha inquina y no poca dosis de trumpismo que han dejado ojipláticas a las clases medias, esas que aún confían en que en algún momento este país cuente con un partido conservador homologable y aseado lejos del africanismo franquista que alumbró su fundación. Las intervenciones a machete de Gamarra (una señora bien que se desmelenaba cuando subía al atril, transformándose en una heavy poseída por una fiebre extraña en medio de un concierto de Iron Maden) figuran entre las causas principales que explican el fracaso del PP tras el 23J. A buena parte de los españoles centrados y centristas se les erizó el vello del cuerpo escuchando según qué cosas dichas por Gamarra en la tribuna de oradores de las Cortes y esa sensación de inquietud, sumada a los pactos de los populares con los neofascistas de Vox, terminaron por convencer al país de que era mejor seguir votando a Sánchez por aquello del más vale malo conocido. La hoja de ruta que proponían Feijóo y su brava portavoz para derogar el sanchismo –retroceder casi medio siglo hasta 1975 y aún más allá–, no sedujo al electorado.

El líder popular no se carga a Gamarra porque su hooliganismo hater empiece a ser contraproducente para el objetivo de Génova de atrapar a los socialistas desencantados con el nuevo socialismo podemizado. La lamina porque no confía en ella y porque prefiere colocar a alguien de su guardia pretoriana, a un dóberman capaz de morderle la pierna a todo aquel que moleste, a un gorila de su clan gallego que le acompañe a todas partes y que siga sus instrucciones al pie de la letra. El nombramiento de Tellado es el síntoma más evidente de la debilidad y el miedo escénico de un Feijóo acomplejado por la figura emergente de Isabel Díaz Ayuso. No quieren que le cuelguen el cartel de derechita cobarde y pone ahí al más salvaje que ha encontrado.

No hay más que echar un vistazo al currículum de Tellado para entender que el muchacho hace lo que le dicen sin rechistar. Es el típico mandado que obedece y punto. Ya han pasado semanas y todavía no se ha disculpado por llamar “matón” a Óscar Puente, el diputado socialista que puso en su sitio a Feijóo diciéndole las verdades del barquero en la fallida sesión de investidura del candidato popular. Horas antes de su intervención, cuando se dirigía a Madrid en un tren AVE, el exalcalde de Valladolid sufrió el ataque intolerable de un macarra ultra, pero donde todo el mundo vio un acoso en toda regla y hasta una agresión, el bueno de Tellado vio a un hombre (Puente) que “no sabe encajar la crítica”. Lo cual quiere decir que, siguiendo esa misma tesis, si el agresor le hubiese soltado un par de guantazos al agredido, el nuevo lugarteniente de Feijóo hubiese interpretado aquello como un intercambio sano de ideas políticas. Esa es la forma de pensar del personaje en cuestión.

Más tarde, el propio Tellado volvió a dejar muestras de lo bajo que es capaz de caer para hacer puntos ante la jefatura cuando, en una rueda de prensa, acusó a Sánchez de ser un peligro para el Estado de derecho y le aconsejó que se metiera en un maletero y se largara de España con viento fresco, como hizo Puigdemont. Qué demócrata de pedigrí, qué lección de fair play, que ejemplo de convivencia, de educación y de civismo. Hoy el personaje dice que, si tiene que retirar el desafortunado chascarrillo o maldad contra el presidente del Gobierno, pues lo retira y no se hable más. El problema es que en política la hemeroteca siempre opera como una sentencia firme y quien resbala en un barro tan sucio queda pringado para siempre.

De modo que este es el invididuo elegido por Feijóo para hacer frente al sanchismo en la convulsa legislatura que acaba de comenzar. ¿Acaso no había alguien con algo más de empaque intelectual, con algo más de talla y preparación que un señor que cuando habla parece el cliente habitual de una taberna de los extrarradios de Madrid? La política española ha ido degradando y sabemos que resulta cada vez más difícil encontrar a un buen orador con sentido común. Pero hasta Borja Sémper se antoja un perfil mucho más adecuado para el cargo, y eso que no somos nosotros muy del vasco, que en los últimos tiempos ha ido perdiendo esa vitola de moderación que presuntamente tenía y hasta ha coqueteado peligrosamente con el trumpismo de nuevo cuño.

Dice Moreno Bonilla (que tras su pacto con el Gobierno central sobre Doñana pretende ir de activista de Greenpeace) que Tellado es el hombre perfecto para afearle las mentiras a Sánchez. Es evidente que en Génova todos se están voxizando a tope, tal es la influencia de Abascal y su banda pospunk sin civilizar. Tellado no es el verbo fino y afilado que necesita el partido en el necesario camino al centro, sino el exabrupto, la incorrección y la grosería personificada. Un error mayúsculo de Feijóo. Eso sí, el agraciado con el cargo promete grandes tardes de humor chusco del malo. Y de crispación.  

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