Sánchez y Feijóo se hacen la foto en Doñana pero evitan Nerva, a solo 78 kilómetros

20 de Abril de 2023
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Sanchez doñana

Huelva es una provincia repleta de contrastes: playas, naturaleza verde, serranía, minas milenarias, elevado desempleo estructural, contaminación ambiental extrema, residuos peligrosos de media Europa que nadie quiere, pulmón verde del continente, gastronomía única… Las próximas elecciones municipales del 28 de mayo están a la vuelta de la esquina y los principales líderes políticos a nivel nacional no desaprovechan la oportunidad potencial que les da esta tierra para disputarse un puñado de votos y, de paso, airear algunos de los temas más candentes de la actualidad a nivel nacional, como es el de la amnistía a la esquilmación de los acuíferos renqueantes de Doñana, que ha aprobado el Gobierno andaluz de Juan Manuel Moreno Bonilla con la ayuda inestimable de la ultraderecha de Vox.

Buen ejemplo de esa dicotomía que Huelva representa en muchos aspectos es la visita que este jueves realizan al unísono a una de las provincias españolas con mayor tasa de desempleo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. El primero a la Estación Biológica de Doñana, en Almonte, y el líder del principal partido de la oposición a la capital onubense en una reunión con los empresarios de la provincia, donde también coincidirá con el presidente andaluz, impulsor de un proyecto que ha puesto a Doñana en el disparadero internacional a causa de los graves problemas de sequía que padece este entorno natural único en el continente.

En cambio, ninguno de los dos líderes políticos nacionales acudirá a Nerva, el otro punto caliente de la provincia informativamente hablando, ni tienen previsto hacerlo en estas fechas electorales ni en ninguna otra. Los algo más de 5.000 vecinos de la localidad ubicada en la cuenca minera de Riotinto, a apenas unos 78 kilómetros de distancia de Almonte, epicentro de Doñana, viven unos tiempos convulsos intentando cerrar de una vez por todas el famoso vertedero de residuos tóxicos, ubicado a escasos 700 metros del municipio. Ambos son problemas medioambientales de primer nivel, ambos entran en las políticas de la “revolución verde” de Moreno Bonilla y de la Agenda 2030 del Gobierno de Sánchez para hacer frente a la economía circular contra el cambio climático, y ambos son polos opuestos electoralmente hablando. Uno da rédito electoral y el otro resta cualquier opción de arañar unos votos enarbolando esta problemática.

Feijoo
Feijóo ya visitó Almonte y la aldea de El Rocío en 2015 como presidente de Galicia.

Si la esquilmación de los acuíferos de Doñana sirve para exponer dos visiones completamente diferentes del medio ambiente entre el PSOE y el PP, el problema del vertedero de residuos tóxicos y peligrosos de Nerva, que este año cumple 25 años de existencia, no hace más que equilibrar la balanza entre ambas formaciones en su grado de implicación y responsabilidad directa, ya que tanto los gobiernos socialistas como los del PP tienen mucho que ver, y callar, en la crítica realidad que vive este degradado municipio minero.

Un gobierno socialista, el de Manuel Chaves, implantó en su día, allá por 1998, este basurero que hoy acoge residuos peligrosos de medio continente sin el más mínimo impedimento institucional, después de mil y una promesas incumplidas unas tras otras desde entonces a todos los niveles. Sin ir más lejos el empleo que traería a la zona: el vertedero apenas se mantiene con una treintena de trabajadores. Asimismo, también un gobierno del Partido Popular, con Moreno Bonilla al frente, incluso ha impulsado la ampliación de estas conflictivas instalaciones, protagonistas de innumerables incidentes medioambientales, en pleno confinamiento por la pandemia del Covid-19.

De ahí que la foto de Pedro Sánchez o Alberto Núñez Feijóo en Nerva con sus vecinos se antoja poco menos que una entelequia. De hecho, nunca un presidente autonómico o del Gobierno, ni tan siquiera un ministro o un consejero, se han dejado ver por este municipio en el último cuarto de siglo para palpar el sentir de sus ciudadanos. A modo de ejemplo explicativo de esta evidencia, el número dos de la vicepresidenta Teresa Ribera, Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente, realizó una visita de compromiso el pasado marzo, ofreciendo vagas alternativas para el fin del polémico vertedero, limitándose a reclamar a las partes la conformación de una mesa de diálogo, por cierto, ya existente desde hace años con escasos resultados.

El PSOE impulsó la creación del vertedero de Nerva en 1998 y el PP facilitó su ampliación en pleno confinamiento por la pandemia

Dejadez institucional con Nerva

Esta dejadez institucional con el enquistado problema de Nerva se deja sentir, y de qué modo, en el ambiente electoral del municipio para el próximo 28 de mayo. El alcalde de la localidad, el socialista José Antonio Ayala, ha dado un paso al lado y alega “severos problemas de salud” para pasar el testigo a una de sus ediles como sustituta en la candidatura socialista a la alcaldía. Del mismo modo, el PP ha tenido que echar mano de un candidato circunstancial después de que todos sus concejales en el municipio dimitieran recientemente en bloque por la ambigua política que venía llevando la Junta de Andalucía respecto al problema del vertedero. Asimismo, han anunciado su candidatura hasta tres formaciones independientes, una de ellas encabezada por José Luis Lozano, líder del movimiento vecinal Nerva, Salud y Dignidad, que ha luchado estos últimos años para promover un cierre inmediato del polémico basurero tóxico.

Ni Pedro Sánchez ni Alberto Núñez Feijóo se harán la foto en Nerva por motivos más que evidentes, pero Nerva sí quiere retratarse sola, sin ayudas exógenas, el próximo 28 de mayo ante el peligro que implica mantener a su libre albedrío las políticas complacientes que hasta ahora han venido ejecutándose con este problema medioambiental de primer nivel llamado Nerva.

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