"Ni Macron, ni Le Pen. Revolución"

25 de Abril de 2022
Actualizado el 02 de julio de 2024
Guardar
300895

Tras conocerse los resultados de las Elecciones Presidenciales en Francia se produjeron diferentes manifestaciones ciudadanas en las que se mostró con claridad cómo el pueblo se ha alejado de la política y ha plasmado la desconfianza absoluta del régimen democrático liberal por el fracaso de éste a la hora de resolver los problemas reales de la ciudadanía.

Una de estas manifestaciones estaba encabezada por una pancarta muy elocuente: "Ni Macron, ni Le Pen. Revolución". Esta es la gran paradoja que las democracias liberales no están sabiendo afrontar porque se han rendido sin condiciones a las élites que se están beneficiando de la caída de los valores democráticos.

Las elecciones francesas, tal y como hemos analizado en Diario16, han demostrado que el sistema democrático liberal, que tan buenos resultados tuvo tras la II Guerra Mundial, es un modelo muerto porque no ha sabido leer las transformaciones sociales y económicas que están enriqueciendo a las clases privilegiadas y, al mismo tiempo, empobrecen a las clases medias y trabajadoras.

La democracia liberal estaba basada en una serie de aspectos como laprotección social de la ciudadanía y la garantía de una prosperidad para el pueblo. Eso se ha roto porque el establishment dio un giro en 2008 y se incrementó la desigualdad en la misma medida que aumentan la riqueza de los poderosos.

En prácticamente todas las constituciones de estas democracias liberales uno de los principales puntos está en la afirmación de que la soberanía nacional recae en el pueblo. Sin embargo, en los últimos 15 años se ha demostrado que esa soberanía, en realidad, está controlada por los bancos y las grandes corporaciones porque condicionan cualquier acción de gobierno que quiera encaminarse hacia la garantía del progreso y de la prosperidad de la ciudadanía. En la sociedad actual, esos puntos fuertes de las democracias liberales sólo se permiten si no afectan a los beneficios de esos bancos, esas grandes corporaciones y sus principales accionistas.

Por eso, la pancarta de la manifestación es certera. No se trata de Emmanuel Macron o de Marine Le Pen, lo que necesita la ciudadanía es que haya un mandatario que decida hacer una revolución que termine con la desigualdad. No se trata de nacionalizar esas grandes corporaciones o los bancos, no se trata de expropiar la riqueza de los ricos. La revolución pasa porque todos cumplan las reglas y no tengan privilegios. Por ejemplo, no es nada democrático que los ricos y las grandes empresas paguen porcentualmente menos impuestos que los trabajadoras con salarios bajos.

El problema está en que esas grandes corporaciones han encontrado el sistema para saltarse todas las reglas democráticas: el chantaje. Si un país decide aplicar la justicia fiscal y social, esas corporaciones amenazan con llevarse la producción de ese país a otro. Ante tal coacción, los gobiernos democráticos agachan las orejas y tragan, mientras que los beneficios crecen a costa de la explotación laboral.

Esa es la revolución que toca ahora. Hacer frente a los privilegios que socialistas, socialdemócratas, conservadores y liberales han otorgado a bancos y grandes empresas durante décadas. ¿La amenaza real de la extrema derecha vista en Francia servirá para un cambio de paradigma o para que desde el poder político democrático se inicie la revolución frente a las élites? Como diría un castizo, "no hay h...".

Lo + leído