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«Nos Plantamos» demanda una transición agroecológica urgente que favorezca la agricultura familiar y social

Juan Carlos Ruiz
Juan Carlos Ruiz
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Información
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análisis

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Con motivo del Día Mundial de la Lucha Campesina, este 17 de abril, el movimiento «Nos plantamos», del que forman parte más de 50 organizaciones, entre ellas Greenpeace, reclama la necesidad de apostar por una transición urgente hacia métodos de producción agroecológicos, sostenibles y diversificados, bajo proyectos familiares prósperos y a pequeña escala. Reivindican, a su vez, un sistema agroalimentario en manos de las personas agricultoras y consumidoras, que no esté dominado por el poder de la industria agroalimentaria, los grandes supermercados ni los lobbies de la agroindustria.

Este modelo agroecológico, que responde a los retos sociales y ambientales actuales, busca también «la preservación de la biodiversidad y la paz con justicia social, soluciones campesinas a la crisis alimentaria y climática que se vive en España y en otros lugares del mundo». Ante esta transición, el colectivo también considera imprescindible «el acceso a la tierra, precios justos para los productores y los consumidores, la promoción de la agroecología y las semillas campesinas y la defensa de la soberanía de los pueblos«.  

También la disminución del número de personas agricultoras, el aumento de la superficie de las explotaciones de gran tamaño y la disminución de las de pequeño y mediano tamaño o la distribución desigual de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), dicen que proyectan la realidad de «un modelo imperante en España: una agricultura sin agricultores, dominada por los mercados, los acuerdos de libre comercio, y normas y políticas a medida de la agroindustria, que deja atrás la agricultura familiar y social basada en la agroecología». 

Responsabilizan, asimismo, al sistema agroalimentario industrial de seguir «impulsando la pérdida de población rural, de agricultura familiar y social, y la falta de relevo generacional», además de las consecuencias ambientales graves que conlleva, «como el aumento de la contaminación de las aguas por la agricultura intensiva y la pérdida de biodiversidad». A esto se suma el impacto de la crisis climática y de biodiversidad sobre la agricultura de pequeña y mediana escala, con pérdidas de hasta el 80 % según el cultivo.

Actualmente, la agricultura familiar en España supone el 82 % de las explotaciones agrarias, y es fundamental para la cohesión social en el mundo rural, para el cuidado de la biodiversidad agraria que produce alimentos sanos y sostenibles, y para el desarrollo del modelo agrario socialmente justo y sostenible.

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