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«Sin combustible, sin comida, sin futuro»: los medios generalistas no te hablan de la verdadera situación de nuestros campos

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análisis

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El mensaje que están coreando los agricultores de Alemania, de Francia, Rumanía, Eslovenia, Hungría, y pronto de España, es el mismo, por mucho que quieran intentar poner el foco en distintos puntos desde los pocos medios que se animan a dar la noticia (o a los que les dejan): «Sin combustible, sin comida, sin futuro». Esta es la clave, que puede todavía resumirse más: «Sin soberanía».

Durante la pandemia del Covid-19 hemos visto cómo los Estados pasaron por encima de la voluntad popular, de la toma de decisiones democráticas, actuando «por nuestro bien», sin tener absolutamente ni idea de lo que estaban haciendo (pensando en el mejor de los casos). Nos impusieron encierros, cuando la Ciencia (la de verdad, no la que busca los beneficios económicos), dice que en una pandemia hay que hacer exactamente lo contrario, salir a la calle, tomar aire y sol y relacionarse con los demás, manteniendo, eso sí, protegidas a las personas vulnerables.

Nos impusieron medicación que ha resultado ser un escándalo de corrupción (del que todavía poco se habla, pero se hablará cuando ya sea demasiado tarde). Con fondos públicos se han llenado los bolsillos de empresas como Pfizer, a espaldas de la ciudadanía, y sin cumplir con los requisitos establecidos en materia farmacéutica, de consumo y de transparencia. Hicieron saltar todo por los aires, incluso comprometiendo nuestra economía a futuro para comprar unas inyecciones que no eran en realidad necesarias. Nos han mentido deliberadamente a través de publicación de informes, plagados de conflictos de intereses, para hacernos creer que estos mejunges eran «seguros y eficaces». No eran ni una cosa ni la otra, y desgraciadamente, con el tiempo se irá sabiendo lo que ha sucedido aquí.

De momento ya sabemos que el origen del virus tiene más que ver con el laboratorio de Wuhan, donde los americanos estaban financiando proyectos que en su territorio habían prohibido por los riesgos que tenían, y que las vacunas estaban ya preparándose antes de que el virus anduviese por aquí y por allá. Se sabe perfectamente que eso de jugar a ser brujos en laboratorios es algo que sucede, sobre todo en lugares como Ucrania, y ni caso se quiere hacer a todos los avisos documentados que nos están dando desde Rusia, por ejemplo. Claro, porque Putin es terrible y no hay que confiar en nada de lo que nos cuenten… Por si acaso no está de más mirar los informes que los mandos militares reportan de lo que están encontrando en Ucrania, sobre todo lo que tiene que ver con biolaboratorios financiados por el departamento de Defensa de USA, entre otros. Y que tienen que ver con el COVID, entre otras infecciones de interés.

Podrán insultarnos, acusarnos de conspiranoicos, negacionistas, pero la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Y resulta que el tiempo nos da la razón a los que hemos estado informando, sustentando nuestras opiniones en fuentes contrastadas. Y tristemente para todos, seguiremos teniendo razón cuando todo esto continúe cayendo por su propio peso.

Después de ese gran ensayo general que fue la pandemia del Covid-19, vienen más vueltas de tuerca. El problema es que ahora resulta muy complicado confiar en nadie, y desde luego las instituciones gubernamentales han resultado ser la mayor fuente de desinformación existente. Ursula estaba muy preocupada en ese contubernio de Davos precisamente por la información falsa, pues obviamente, su chiringuito se tambalea y solamente le queda seguir pataleando y diciendo que todos los que destapan sus vergüenzas, mienten. Llegan tiempos de elecciones europeas, y es ahora, como la colonia para hombres, en las distancias cortas, donde Ursula se la juega. Han sido tantos y tan descarados sus apaños que prácticamente nadie podrá mantenerla al frente de la Comisión. De todas formas, dicen algunos que ella en realidad quiere saltar a la OTAN, así que ya podemos rezar para que esto no suceda, pues seguro que sus amigos de las armamentísticas se estarán frotando las manos y preparando algún lugar en el que «invertir» con sus productos.

La guerra en Ucrania ha sido otra más de su agenda. Una más para desmantelar un territorio rico, y acudir ahora a reconstruirlo. Como sucederá en Palestina.

Y de lo que poco se habla, prácticamente nada, es de nuestros agricultores. No interesa que hablemos del tema, porque deja en evidencia lo que sigue sucediendo: se legisla y se gobierna contra los intereses de la ciudadanía. Dicho de otro modo, se legisla y se gobierna para beneficio de las grandes corporaciones, que a su vez, garantizan la jubilación dorada de nuestros representantes políticos. No nos engañemos: al político no le interesamos los que les pagamos su sueldo actual, sino los que le pagarán el sueldo futuro. Ahí está la clave. Son las eternas puertas giratorias, que llamamos en España; el puesto que ocuparán cuando cumplan con lo que les dictan los grandes grupos de poder, que no somos los ciudadanos.

Como hablaremos del campo largo y tendido, sirva esta pieza de apunte y recordatorio: las grandes guerras a lo largo de la historia han tenido siempre puntos de estallidos en el campesinado. Pregúntese por qué. Y sobre todo: prestemos atención porque la historia vuelve a poner a nuestros trabajadores del campo en pie de guerra. No tomemos esto a broma y tomemos nota. La soberanía de un país reside en su agricultura, su ganadería y su pesca. El siguiente paso de la agenda globalista es, precisamente, desproveernos de esta soberanía nacional para someternos a sus productos «Mágicos»: pesticidas, fertilizantes y semillas transgénicas. Productos que generan una dependencia total, un destrozo de las tierras, de nuestros campos, que daña a nuestros animales, y por supuesto, a nuestra salud.

Estos globalistas de pin en la solapa están promoviendo medidas que realmente destrozan la sostenibilidad, que contaminan y destrozan nuestros recursos. Lo hacen por imperio de la ley, utilizando medios de comunicación comprados, que jamás publicarán piezas como esta.

No digan que no les avisamos.

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