Susana Díaz, el Domingo de Ramos y su amarillo independentista

11 de Abril de 2021
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Susana Díaz Domingo Ramos

La invasión de las políticas y de las democracias occidentales por parte de los poderes económicos ha tenido como principal consecuencia la polarización absoluta de las tendencias políticas. El centro, ese invento de las clases dominantes para hacer creer a la ciudadanía que había un espacio político desideologizado o moderado, ya no existe porque tanto los de un bando (las élites) como los del otro (el pueblo) se han visto obligados a colocarse en un posicionamiento ideológico basado en la defensa de sus valores intrínsecos.

En el bando defensor de los intereses de los poderosos se han colocado los partidos democristianos, conservadores, liberales y socialdemócratas. En el contrario, en el defensor del pueblo, están las nuevas formaciones de izquierda, algunas nacidas de los antiguos partidos eurocomunistas y otras de movimientos de la sociedad civil, y determinadas facciones de las formaciones socialistas tradicionales que no están de acuerdo con el giro hacia la derecha que se dio en los años 80, 90 del siglo XX y en la primera década del siglo XXI y pretenden recuperar, incluso desde posicionamientos de gobierno, las esencias del socialismo verdadero, no del que vendió la Internacional Socialista que, al fin y al cabo, no era otra cosa que la patraña de que se pueden aplicar medidas de izquierda en lo social pero aplicando políticas económicas de derechas algo que, como el agua y el aceite, es incompatible.

Una de las representantes más acérrimas de la socialdemocracia en España es Susana Díaz, la expresidenta de la Junta de Andalucía y que, gracias a su falta de políticas progresistas cuando estaba en una posición de poder, perdió el gobierno andaluz.

Esta Semana Santa se produjo un hecho que define a la perfección lo que es y lo que representa ya Díaz para la política. La suspensión de las procesiones en Sevilla provocó que las hermandades abrieran los templos para que los fieles y la ciudadanía, en general, pudieran visitar las imágenes. Los periodistas, en muchas ocasiones, nos encontramos, somos testigos y escuchamos con nuestros propios oídos historias que, tras un análisis de la situación, muestran qué o quién es de verdad el personaje en cuestión. En este caso fue Susana Díaz, orgullosa hija de Triana, que visitó el Domingo de Ramos uno de estos templos. Allí se encontró con una persona que, con todo el gracejo propio de Triana, le habló de la ropa que llevaba Díaz, comentario que vino propiciado por un amarillo muy particular, casi independentista, se podría decir.

«Susana, ¿te viste el modisto de Laura Borrás?», le dijo, a lo que la todavía secretaria general del PSOE de Andalucía le respondió «voy vestida de amarillo, muy bien vestida, pero quiero que sepas que yo soy la única socialdemócrata de la línea de Felipe González que queda en Andalucía y en España». Escuchar eso, con la seguridad con que lo dijo, demuestra orgullo por lo que se defiende y una actitud monolítica que en nada vislumbra que pueda haber un cambio en su modo de entender la política que de verdad necesita el pueblo andaluz.

El año 2021 es congresual para el PSOE. Primero se celebrará el 40 Congreso Federal, en Valencia, y, posteriormente, los de las federaciones regionales donde los socialistas esperan y desean que haya cambios profundos en las diferentes dirigencias que arrinconen ya de manera definitiva a esa socialdemocracia de derechas, la de Felipe González, que tanto daño ha hecho al PSOE y al resto de partidos socialistas europeos.

Lo que Susana Díaz le dijo en Triana-Sevilla el Domingo de Ramos al ciudadano que la interpeló por el color de su vestido es la demostración de que su trayectoria política ya está amortizada porque, en ningún caso, representa ni lo que el PSOE andaluz necesita ni, por supuesto, lo que la ciudadanía de Andalucía exige de un partido que lleva en sus siglas la palabra «socialista». Por desgracia, aún son muchos y muchas las que se han olvidado de que la «S» del PSOE no es la traslación de la palabra «socialdemócrata».

El cambio de Susana Díaz al frente de los socialistas andaluces es urgente, imprescindible, porque si la socialdemocracia de Felipe González, que se puede describir como la herramienta política del capital deshumanizado con pensamientos y actitudes absolutamente conservadoras de derechas, es el referente ideológico a seguir por la actual secretaria general del PSOE-A muestra cómo se ha alejado totalmente de la ideología socialista para abrazar el camino fácil que ofrecen las élites a los líderes socialdemócratas a cambio de la sumisión absoluta.

Tal y como hemos publicado en Diario16, la CIA informó antes de que el PSOE ganara las elecciones de 1982 que Felipe González era un político de carácter conservador, y lo sigue siendo, tal y como viene demostrando en las continuas críticas que realiza al actual Gobierno y a las actuaciones de la actual ejecutiva socialista elegida democráticamente en el 39 Congreso y que, en ocasiones, utiliza comentarios que perfectamente podrían ser causa de apertura de un expediente de suspensión de militancia y expulsión del partido.

Esos barros traen estos lodos. Ese PSOE socialdemócrata que defiende y del que presume Susana Díaz ha llevado al gobierno de Andalucía al Partido Popular, una derecha que en muy poco se diferencia de la socialdemocracia de Felipe González. Susana Díaz no puede olvidar jamás que Pablo Casado se refirió al PSOE de Felipe como «el PSOE bueno». Luc de Clapiers, marqués de Vauvenargues, afirmó que «la señal infalible de un mal reinado es el exceso de elogios dirigidos al monarca».

Son muchos los socialistas que dudan de las garantías de cambio que Susana Díaz podría ofrecer en el caso de que fuese elegida en el próximo Congreso del PSOE Andalucía como secretaria general o, a través de las primarias, como candidata a la Presidencia de la Junta.

Es obvio que estando en el lado de la socialdemocracia de Felipe González jamás podrá ofrecer cambios sociales, justicia social, feminismo, ¡feminismo!, ese del que Susana ha demostrado no saber ni de su filosofía ni de su lucha, ni de políticas de igualdad real ni, por supuesto, la posibilidad de presentar medidas que vayan en contra de los intereses de las élites. En definitiva, Susana Díaz jamás podrá hacer políticas basadas en el socialismo de izquierdas progresista, ese mismo que los defensores de la socialdemocracia llaman «extrema izquierda» pero que, en realidad, no es más que la esencia sobre la que se fundó el PSOE. Para todos estos nostálgicos de la gloria de 1982 (por suerte para los socialistas y para la ciudadanía progresista su presencia va siendo residual), Pablo Iglesias Posse sería un representante de esa extrema izquierda.

¿Qué garantías de cambio puede ofrecer Susana Díaz?, ¿las del subsidio y el clientelismo que tan mala fama han dado al pueblo andaluz? En la situación en la que vive España es el momento de abordar que Andalucía no puede estar sometida a una socialdemocracia como la de Felipe González y el pueblo debe rechazar las prebendas de los clientelismos políticos. Los andaluces y andaluzas son un pueblo, por naturaleza, de sentimiento socialista, y lo demuestran en sus pueblos, casas, calles, ciudades, campos, playas y barrios. El pueblo andaluz merece mucho más de lo que se le dio y de lo que se le está dando sin utilizar el clientelismo, sino por verdad y razón sin miedo.  Andalucía merece que, desde la izquierda, haya líderes o lideresas que luchen de verdad por su pueblo, anteponiendo las personas a los intereses de las élites.

En España, por desgracia, las mujeres y los hombres íntegros sólo sirven para ganar batallas, pero jamás podrán alcanzar un gobierno porque existen muros invisibles, construidos en base a intereses egoístas, que lo evitarán. Ha llegado el momento de que, desde el socialismo, desde la ideología pura socialista, se rompan esos muros, y Susana Díaz no está por la labor porque la socialdemocracia de Felipe González jamás lo ha estado, y que el pueblo pueda gritar, sin miedo, ¡libertad!

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