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Un sueño regular, clave para combatir la demencia

Investigaciones recientes sugieren que la irregularidad en las horas de sueño, incluyendo cambios frecuentes en el horario de descanso, podría ser perjudicial para la salud cognitiva a largo plazo

Eva Maldonado
Eva Maldonado
Redactora en Diario16, Asesora de la Presidencia de la Conferencia Eurocentroamericana.
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análisis

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La importancia de un sueño adecuado y regular se ha reafirmado como un componente esencial para prevenir el deterioro cognitivo, incluida la demencia, según recientes estudios. La falta ocasional de sueño puede llevar a una neblina mental temporal, pero es el patrón continuo de dormir insuficientemente lo que ha mostrado tener un efecto acumulativo, incrementando significativamente el riesgo de problemas cognitivos en la vejez.

Investigaciones destacadas, como la publicada por la revista Nature en 2021, han iluminado la relación entre la restricción del sueño y un incremento del 30% en la probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Otro estudio de la Escuela de Medicina de Harvard reforzó estos hallazgos, señalando que dormir menos de cinco horas por noche duplica las chances de enfrentar la demencia en comparación con quienes duermen alrededor de siete horas.

Más allá de la duración del sueño, la consistencia en los patrones de sueño ha emergido como un factor crítico. Investigaciones recientes sugieren que la irregularidad en las horas de sueño, incluyendo cambios frecuentes en el horario de descanso, podría ser perjudicial para la salud cognitiva a largo plazo. Jeffrey Iliff, un líder en el campo del estudio del sueño, resalta que no son solo las fluctuaciones en la cantidad de sueño las que presentan riesgos, sino también la variabilidad en estos patrones lo que podría aumentar el riesgo de demencia.

Esta correlación entre la inestabilidad del sueño y el deterioro cognitivo puede estar influenciada por factores asociados a un mayor riesgo de demencia, como enfermedades crónicas y apnea del sueño, que también pueden provocar variabilidad en el sueño.

Otro estudio, centrado en la regularidad de los horarios de sueño, sugiere que acostarse y levantarse a horas muy variables podría aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas a largo plazo. Los investigadores sugieren que las enfermedades cardiovasculares, más comunes entre aquellos con patrones de sueño irregulares, podrían afectar el flujo sanguíneo cerebral y contribuir al daño cognitivo.

Curiosamente, dormir en exceso también ha sido vinculado a un mayor riesgo de deterioro cognitivo, planteando la existencia de una ‘dosis’ óptima de sueño para la salud cerebral. La investigación sugiere que la presencia de otras afecciones médicas en personas que duermen mucho podría ser la explicación subyacente de este fenómeno.

La relevancia de estos hallazgos radica en el papel del sueño en la limpieza de neurotoxicidades acumuladas durante el día, un proceso crucial para prevenir la neurodegeneración. El descubrimiento del sistema glinfático ha subrayado la importancia de un sueño profundo y de calidad en la eliminación de residuos asociados con enfermedades neurodegenerativas.

Estos estudios resaltan la necesidad de considerar el sueño como un pilar fundamental de la salud, equiparable a la nutrición y el ejercicio. A medida que crece la evidencia sobre su importancia, emerge una llamada a la acción para integrar el sueño en las agendas de salud pública y cambiar la percepción social sobre la importancia de descansar adecuadamente.

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