El gobierno de Pedro Sánchez, una vez más, ha sacado pecho con los datos del paro registrado correspondientes al mes de marzo. Las cifras absolutas señalaron un descenso del desempleo de 13.311 personas, lo que sitúa la cifra total de parados en 2,5 millones. Sin embargo, detrás de esta aparente mejoría se esconde una cruda realidad en el mercado laboral español, especialmente para mujeres y jóvenes.
Nuevamente hay que irse al análisis completo de los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) para comprobar que la izquierda, que ahora habla de cifras récord de creación de empleo, está comprando los mismos argumentos que utilizaba el Partido Popular y sus socios de la extrema derecha para justificar un fracaso absoluto: es mejor un mal trabajo que no tener trabajo.
Además, los datos de afiliación a la Seguridad Social señalan un incremento de 161.491 afiliaciones respecto a febrero, registrándose un récord en la incorporación de mujeres al mundo laboral, superando los 10 millones. A pesar de este avance en términos cuantitativos, se revela que la calidad del empleo es muy cuestionable porque la temporalidad se está disparando.
Mujeres, víctimas del fracaso del gobierno Sánchez
Las estadísticas no mienten. El análisis de las cifras completas del SEPE demuestra que el 60,95% de los contratos firmados por mujeres son temporales, cifra significativamente superior al 52,35% correspondiente a los hombres. Aunque se ha logrado un descenso del desempleo femenino en marzo (-0,59%), la precariedad es sistémica, evidenciada por el hecho de que seis de cada diez desempleadas son mujeres. Estos datos reflejan una situación en la que, pese a la creación de empleo, la estabilidad y la calidad permanecen fuera del alcance para una parte considerable de la población femenina.
La precariedad es sistémica
Según los datos del SEPE, las cifra que ocultan los órganos de propaganda sanchistas y monclovitas, durante marzo, la contratación ha estado dominada por contratos temporales, incrementándose en más del 6% tanto en comparativa mensual como anual y representando el 56,40% del total de contrataciones.
Esta tendencia evidencia que, si bien se observan débiles signos de recuperación en el mercado laboral, el crecimiento no se traduce en empleos estables ni de calidad. El resumen que muestran los datos del SEPE es sencillo: se mejoran las cifras absolutas pero la calidad del empleo que se crea cada vez es peor.
En las cifras publicadas por el SEPE se constata que en el mes de marzo se firmaron 1,17 millones de contratos, una cantidad muy elevada para que el paro sólo haya bajado en 13.311 personas. Es decir, se necesitan 87,64 contratos para crear un empleo neto. Esta es una muestra de la precariedad del empleo que se genera en la España de Sánchez.
Por otro lado, se firmaron 508.662 contratos indefinidos. Sin embargo, el contrato más precario de todos, es decir, el «eventual por circunstancias de la producción», suma 444.337 formalizaciones.

La precariedad se ensaña con la juventud
El sector de la juventud tampoco escapa a las dificultades. Es más, el sistema se está ensañando con ellos. Mucha gente se pregunta por las razones por las que los jóvenes votan en masa a las opciones de extrema derecha. Las cifras del SEPE dan una respuesta.
En marzo, el desempleo entre menores de 25 años aumentó en 2.638 personas. Asimismo, el colectivo sin empleo previo, que incluye a los parados de larga duración, mostró un incremento de 3.650 personas (un 1,53% más). La brecha de género se agrava en este grupo, ya que las mujeres representan casi el doble de los desempleados en esta categoría, con 160.670 frente a 81.770 hombres. El mercado laboral actual es injusto con las mujeres, limita sus oportunidades profesionales a contratos temporales y parciales o las castiga con no poder reengancharse al trabajo.
Fracaso absoluto
Los primeros tres meses de 2025 se perfilan como un periodo en el que la precariedad laboral sigue siendo la tónica dominante. Según los datos oficiales, insistimos, cifras oficiales, los contratos temporales han aumentado un 3,6% en comparación con 2024, y los temporales parciales han registrado un alza del 4,28% respecto al primer trimestre del año anterior. Estas cifras subrayan la estructura insostenible del mercado laboral actual, donde se crea empleo a un ritmo que no se traduce en estabilidad ni en calidad para los trabajadores.
Las cifras del SEPE, no sólo las de marzo, sino las de años anteriores, demuestran que la reforma laboral de Sánchez es la mayor estafa a la clase trabajadora de la historia, mucho más que las de Aznar, Rajoy o Zapatero.
En el preámbulo de la reforma laboral de Pedro Sánchez, que fue aprobada gracias al voto de un diputado de Partido Popular, se indica que «la reforma que contiene este real decreto-ley pretende corregir de forma decidida esta temporalidad excesiva, evitando esa rutina tan perniciosa que provoca que en cada crisis se destruya sistemáticamente el empleo». Cuatro años después, la temporalidad sigue siendo, cuando menos, la misma, y la precariedad se ha disparado.
En consecuencia, no se puede celebrar que baje el paro a costa de lo que sea, no se puede sublimar lo mismo que hacía el Partido Popular, porque en la España de Sánchez no se está generando empleo, se está parcelando, es decir, lo mismo que durante el gobierno de Mariano Rajoy.
Hay razones suficientes para que los sindicatos convocaran una huelga general, algo que, tal y como reconoció a quien firma este Ágora un alto dirigente sindical, ya se habría hecho si el gobierno fuera de derechas.