El rechazo

22 de Abril de 2018
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rechazo
Esta vivencia, en la que no se cumplen nuestras expectativas, ya sean físicas, afectivas, profesionales, o de cualquier otra índole, y vivimos la sensación de que se nos rompe algo por dentro, es motivo muchas veces de un agudo sufrimiento que en ocasiones lleva a la ansiedad y a la depresión, pero realmente es la imagen mental lo que se ha roto, si bien, habíamos asociado a ella emociones, y cuando se rompen las ideas a menudo sufren los sentimientos.Esto es vivido de maneras muy diferentes por distintas personas. Las muy mentales o frías, así como las que tienen un temperamento templado, apenas experimentan perturbaciones, y se encaminan hacia otra dirección, o simplemente se quedan indiferentes, no obstante, esto es poco frecuente, y casi siempre duele, aunque sea un poco.En ocasiones el orgullo se entremete, y todo se personaliza: “¿cómo es posible que me hagan esto a mí?”, esto ocurre sobre todo en entornos en los que el prestigio es muy importante, o con personas queridas, cuyo rechazo es interpretado como una ausencia de afecto.El amor propio y la vanidad, son los actores principales, pero también, el respeto a uno mismo, y el que se pide que le tengan los demás, y estas cosas no son iguales. La necesidad de valoración es atacada cuando uno interpreta que se le ha rechazado y los motivos no son justos, y también, cuando no hay proporción.Es necesario saber aceptar estos inconvenientes de la vida, aunque a veces pataleemos como niños pequeños, y esto aparece porque es una de las emociones que más pronto nos perturban cuando somos bebes, tenemos que ir aprendiendo a encajar los puñetazos de la vida en ese sentido, que muchas veces nos indican que ese no era el camino, o la mejor opción que teníamos que tomar. Otras, simplemente son fruto del azar, o del destino, que es otro nombre para lo fortuito, y que se mueve por reglas que generalmente no conocemos.A veces somos nosotros los que rechazamos, y esto aunque duele menos, también puede producir un cargo de conciencia si los motivos no son muy justificados. Todo tiene que ver con la elección, y en muchas ocasiones, el momento oportuno y las formas o maneras cuentan mucho. Existe una gran relatividad en que sintamos o no la mordedura del rechazo, si se ve mezclada con un acontecimiento positivo, o si buscamos que se produzca para eliminarlo, casi no nos molestará.También tenemos que recordar, sobre todo los que tenemos una edad madura, las veces en que nos alegramos después de pasado un tiempo, de que ese rechazo se produjera, que fue como una puerta abierta, al mismo tiempo que un muelle, que nos impulsó en otra dirección fructífera, enriquecedora y agradable.El miedo al rechazo puede ser muy inhibidor, porque con frecuencia se basa en pensar que lo que perseguimos es la única opción válida y significativa, (o porque no creemos que lo merecemos en el fondo) pero muy a menudo no lo es, y si seguimos avanzando, dejando atrás ese oasis que tan prometedor parecía, pero que después resulto que solo tenía agua putrefacta o estaba seco, es probable que encontremos otro con agua cristalina, y si no es así, sigamos buscando.Asimilar la emoción que provoca que nos rechacen, en las personas muy sensibles sobre todo, puede requerir un proceso de aceptación, y de saber levantar la cabeza, reconocerse a uno mismo cuando menos el mérito de haberlo intentado, analizar los errores que hemos podido cometer para aprender, y poco a poco estar abierto a otras opciones, o a la misma, pero en otro momento y circunstancias.Si es sentimental (y también el profesional, amistoso y de familia, pero éste de manera más intensa) a veces lleva a incrementar la soberbia, el orgullo y el narcisismo por compensación, sin embargo, eso no es lo saludable. Nosotros no somos más, y no es bueno ensalzarnos minusvalorando al otro. Es posible que haya motivos para pensar que se ha hecho más pequeña aquella persona o personas que han atentado contra nuestros sentimientos, pero en realidad se trata de una interpretación mental. Inicialmente lo mejor es aceptarlo y hacer algo que nos distraiga del mal trago. Lamentablemente esto no es el cielo, y no todos los sueños se convierten en realidad, pero de lo más valioso y bonito de la vida es tener ilusiones y proyectos poniendo fe y pasión en ellos, si no, a ésta además de sal, le faltará azúcar.
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