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España es una «democracia defectuosa», según The Economist

Manel Mas
Manel Mas
Estudié contabilidad y economía, fui perito y profesor mercantil, ejercí de profesor en Alesco (Altos Estudios Comerciales) en Barcelona dando clases de contabilidad, cálculo y derecho mercantil.
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análisis

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España ha dejado de ser una «democracia plena», al bajar de escalafón y situarse como una «democracia con defectos» en 2021. España comparte la segunda categoría del índice con países como los Estados Unidos, Chile -que también baja de categoría- o Israel.

No tendríamos que perder de vista que España cayó de la categoría de las «democracias plenas» (full democràcies) dentro del índice democrático del semanario The Economist, que se toma como referencia para evaluar la calidad democrática de los diferentes estados del mundo, y pasó a ser catalogada como «democracia defectuosa» (flawed democracias), que ya se ve que es una categoría mucho menos lucida. Justo debajo ya vienen los «hybrid regimes» (regímenes híbridos), como Marruecos, México, Mauritania o Tanzania.

Que dentro de las democracias defectuosas, se encuentran países de nuestra zona como Francia e Italia, no tendría que servir de excusa a los nacionalistas españoles, que se han llenado la boca subrayando que España figuraba entre las democracias plenas del mundo (Carmen Calvo decía: «democracia plenísima», cada vez que alguien cuestionaba la calidad o la credibilidad de la democracia española.

El descenso de España se debe principalmente, según el parecer de The Economist, a la división política para la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el órgano de gobierno de los jueces, el mandato de los cuales expiró en 2018 y que continúa ejerciendo de manera provisional.

También cita el informe los desafíos para la gobernanza del país que implican la «creciente fragmentación política» y la sucesión de escándalos de corrupción. España, que está en el lugar 24 de un total de 167 países evaluados en cuanto a nivel democrático, ha retrocedido 0,18 puntos y se ha situado en 7,94 puntos en 2021, frente a los 8,12 que tenía el año anterior, de acuerdo con la publicación británica.

También ha tenido que ver, aquello que a menudo denominamos la politización de la justicia. El reverso de este fenómeno, igualmente perverso, es la judicialización de la política: justamente, España empezó a perder puntos en este ranking a partir de 2017, con el encarcelamiento de los líderes independentistas catalanes, un escándalo que culminó en la celebración del juicio del Supremo, un verdadero espectáculo de justicia de parte: tanto por los magistrados, como por los fiscales, y buena parte de los testigos que declararon.

Otras actuaciones de la justicia española en los últimos años, como la de los jóvenes de Altsasu o los raperos Valtonic y Hasél, o la prontitud con que la Fiscalía cierra las carpetas inculpatorias de cierto jefe de estado huido en Abu Dabi por haber amasado una fortuna ilegal burlando la Hacienda española, seguro que no ayudan a mejorar, sino la puntuación, al menos la percepción que se pueda tener de España como estado de derecho.

La posición de España contrasta con la de Noruega, que se coloca al frente del índice, con 9,37 puntos, en la categoría de las democracias plenas, en la cual también figuran países como Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Islandia, Dinamarca, Australia, Suiza, Países Bajos, Canadá, Uruguay, Luxemburgo o Alemania.

Teniendo en cuenta la situación de la política en España, los casos de corrupción existentes, los juicios que restan pendientes, el caso del rey emérito y los palos que la justicia europea le da a la española, todavía me parece muy alta la calificación que le otorga The Economist a la democracia Española.

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