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La mayoría de países se queda atrás en renovables por falta de acceso a financiación y tecnología

El Informe Global del Estado de las Energías Renovables de 2023, desarrollado por REN21, señala que este desequilibrio compromete los esfuerzos para lograr seguridad y estabilidad energética global, impulsar el desarrollo sostenible, el bienestar común y el acceso a la energía de millones de personas.

Juan Carlos Ruiz
Juan Carlos Ruiz
Periodista y Licenciado en Ciencias de la Información
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análisis

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Los gobiernos reconocen por fin el papel fundamental que desempeñan las energías renovables para el impulso de la economía, la creación de empleo, la inclusión y la independencia energética. Sin embargo, «el cortoplacismo prevalece y la mayoría de países se queda atrás debido a la falta de acceso a financiación y tecnología, perdiendo una oportunidad de oro para construir economías y sociedades resilientes con energía renovable, fiable, asequible y limpia», según indican los más recientes módulos del Informe Global del Estado de las Energías Renovables de 2023 (GSR 2023, por sus siglas en ingles) producido por REN21: Energía renovable para la creación de valor económico y social (ESVC) y Panorama global (GO).

REN21 es la única comunidad global de actores en energía renovable compuesta por representantes del mundo académico, ciencia, gobiernos, organizaciones no gubernamentales e industria.

El módulo sobre Energía renovables para la creación de valor económico y social demuestra los múltiples beneficios que genera el despliegue de fuentes de energía renovable. Entre ellos, la reducción de la contaminación y los costes sanitarios, la protección del medio ambiente, el fomento de la igualdad de género, la creación de empleo y de valor económico local, la mejora en el suministro y la seguridad energética y el acceso a la energía en comunidades con escasez energética, movilizando fuentes de actividad económica.

Por su parte, el Panorama global reúne los diversos módulos e ilustra el estado de las energías renovables en el contexto de un sistema energético aún dominado por los combustibles fósiles y con retos globales como el cambio climático, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el cambiante panorama geopolítico.

Tras la pandemia

La pandemia mundial de COVID-19, la creciente emergencia climática, la invasión de Ucrania por parte de la Federación Rusa y la consiguiente crisis energética – junto con la inflación, la inseguridad energética y la interrupción de la cadena de suministro – impulsaron a varios gobiernos a buscar la independencia de las importaciones de petróleo y gas y a adoptar ambiciosas y exhaustivas metas, políticas e inversiones con el fin de ampliar el despliegue de las energías renovables y promover actividades económicas locales en torno a estas. «Estas medidas políticas están creando notables perspectivas de crecimiento económico y empleo en el sector energético en los próximos años», dice el documento, y se estima que la transición energética producirá una ganancia neta global de empleo, con más puestos de trabajo creados por el aumento de la capacidad de las energías renovables que los que se pierden con la eliminación progresiva de los combustibles fósiles.

«A pesar de que la industria de las energías renovables es incipiente en Nigeria, ya se han creado 50.000 puestos de trabajo en el sector, que se espera sigan creciendo rápidamente hasta alcanzar los niveles de la enraizada industria del petróleo y el gas del país a finales de año. Esto muestra claramente el gran potencial de las energías renovables para dinamizar la economía y mejorar la calidad de vida de la población. Invertir en energías renovables en los países en desarrollo puede resultar en múltiples beneficios que superan con creces el coste de la inversión, como una mejor asistencia sanitaria, acceso al desarrollo y a la energía y, en última instancia, beneficios económicos y estabilidad global», explica Kristina Skierka, directora ejecutiva de Power For All, una de las más de 100 organizaciones miembro de REN21.

El cambio a una economía basada en energía renovable no sólo está reduciendo las emisiones y haciendo frente al cambio climático. Ya se han creado más de 12,7 millones de puestos de trabajo en todo el mundo y su adopción está generando valor social gracias a la reducción del coste de la energía, la mejora de la salud pública, el aumento de la inclusión y el fortalecimiento de la seguridad y el acceso energético. Este ciclo económico y social aumentará dependiendo de la rapidez con que desplieguen los gobiernos las energías renovables.

Europa generará 3,5 millones de empleos verdes

Los paquetes de medidas políticas que ya han puesto en marcha varios países y regiones son prometedores. En Nigeria, el Programa Solar Power Naija pretende apoyar la creación de 250.000 puestos de trabajo y beneficiar hasta 25 millones de personas mediante la instalación de 5 millones de sistemas solares domésticos y mini-redes. En Estados Unidos, se espera que la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de 2022 cree cerca de 5 millones de empleos en energías limpias. En la Unión Europea, se calcula que el empleo en la industria solar creció en un 30% en 2022, añadiendo unos 600.000 puestos de trabajo. Y es que cumplir los objetivos del plan REPowerEU requerirá la generación de 3,5 millones de puestos de trabajo entre 2022 y 2030.

China encabeza la producción mundial de energía solar

China continúa a la cabeza en el ámbito de la fabricación local y la creación de valor, produciendo el 80% de toda la energía solar y situando a la región asiática a la cabeza del número de puestos de trabajo creados a nivel mundial, con dos tercios del total de empleos en energías renovables.

Más de 20 países están tomando medidas para reforzar las cadenas de valor locales y la fabricación de tecnologías de energías renovables con el fin de aumentar su valor económico y social y evitar interrupciones en el suministro de energía y materiales. Además de las políticas de apoyo al despliegue de las energías renovables, algunos países están proporcionando créditos fiscales e incentivos para la fabricación local de tecnologías para la energía renovable, prohibiendo la exportación de metales en bruto sin procesar, necesarios para fabricar energías renovables, a fin de fomentar las industrias locales, exigiendo contenido local o limitando las importaciones de determinados productos intermedios. India, que espera crear más de 3,4 millones de puestos de trabajo en los sectores de energía eólica y energía solar conectada a la red para 2030, ha impuesto un derecho de aduana básico a las importaciones de células y módulos fotovoltaicos solares y está invirtiendo 3.000 millones de dólares en un paquete de incentivos para fabricar paneles solares de alta eficiencia en el país.

Formación e integración

Para acompañar la transición energética, los gobiernos están capacitando a los trabajadores de la industria de combustibles fósiles para ayudarles a adaptarse a una economía basada en las renovables. Ya se calcula que 22 millones de trabajadores de la industria del petróleo y el gas (el 70% de todos los empleos) coinciden con las calificaciones necesarias para los empleos en el sector de las renovables.

Las energías renovables también están impulsando una mayor inclusión a medida que los gobiernos desarrollan objetivos y programas de formación para integrar a más mujeres y pueblos indígenas como trabajadores en el sector de las energías renovables.

«A pesar de los amplios beneficios de las energías renovables, la mayoría de los países e instituciones siguen invirtiendo dinero en proyectos de combustibles fósiles y recurriendo al gas fósil como combustible de transición, lo que hace que sus ciudadanos pierdan potenciales beneficios a nivel de desarrollo, empleo, seguridad y salud. Al mismo tiempo, aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos climáticos, y empeoran la seguridad energética y el acceso de los países en desarrollo a la energía, lo que tiene consecuencias devastadoras para la seguridad alimentaria, la migración, la atención sanitaria y, en última instancia, la seguridad mundial. Nos estamos arriesgando
a afrontar pérdidas que no podemos permitirnos», sostiene Rana Adib, directora ejecutiva de REN21.

Los gobiernos de los países en desarrollo y emergentes, que deberían estar aprovechando la ocasión a la luz de las amplias oportunidades socioeconómicas que ofrecen las economías basadas en energía renovable, no están dando el paso con la suficiente rapidez. En consecuencia, mientras que 113 países todavía carecen de acceso universal a la electricidad, solo 54 de ellos cuentan con objetivos para aumentar este acceso. Mientras tanto, sólo 39 de los 128 países que carecen de acceso universal a condiciones de cocina limpias tienen objetivos, sin contar con que el acceso a energía y a estas condiciones ha probado aumentar la probabilidad de que las mujeres encuentren trabajo entre un 9% y un 23%.

Debido al cortoplacismo, inflación y altos costes de la energía, se previó que el número de personas sin acceso a la electricidad aumentaría en 2022 por primera vez en décadas, incrementándose en 20 millones hasta alcanzar los 774 millones, principalmente en África subsahariana.

«Resulta desconcertante que en 2023 siga aumentando el número de personas sin acceso a la electricidad. Si algo demuestra la insensatez de depender de los combustibles fósiles para resolver nuestras necesidades energéticas, son estas cifras. Es desgarrador ver que esto ocurre principalmente en África. Mi continente ha sido bendecido con abundantes recursos energéticos renovables, y la era de los combustibles fósiles nos ha fallado», comenta Mohamed Adow, fundador y director de Power Shift Africa.

Bancos y energías fósiles

Aunque las economías emergentes y en desarrollo representan dos tercios de la población mundial, estas solo recibieron una quinta parte de la inversión mundial en energías renovables en 2022. A pesar de los numerosos desafíos sociales, económicos y geopolíticos a nivel mundial, la inversión en energías renovables alcanzó un récord de 500 millones de USD en el año 2022, pero esta cifra sigue palideciendo en comparación con 1 billón de USD invertidos en combustibles fósiles. En 2021, los bancos privados destinaron 395.000 millones de dólares a proyectos de combustibles fósiles y sólo 53.000 millones a energías renovables.

Del total de la inversión en infraestructuras energéticas, el 30% se destina a renovables, el 52,5% a combustibles fósiles y energía nuclear, y el 17,4% a redes eléctricas y almacenamiento. Una de las conclusiones más sorprendentes del módulo de Panorama Global (GO) es que, a pesar de todos los esfuerzos invertidos en descarbonizar el sector energético, y aunque la intensidad de carbono se redujo a nivel global, las emisiones siguen aumentando, con un incremento del 1%.

«Esto indica que el mundo está gastando cantidades significativas en infraestructuras que seguirán emitiendo y fijando gases de efecto invernadero e intensificando el cambio climático. Si nos tomamos en serio la transición energética, este gasto representa dinero arrojado por la ventana, ya que estas infraestructuras serán inútiles dentro de unos años y producirán más daños que conducirán a costes humanos y económicos adicionales», continúa Adow.

A pesar de que existen mecanismos internacionales y acuerdos multilaterales como el Acuerdo de París para mejorar la cooperación climática mundial y la acción colectiva, los gobiernos están dando pasos aislados y lentos, así como frenando la necesaria transferencia de tecnología y financiación. El hecho de no abordar los retos mundiales de forma colectiva está provocando que la mayoría de los países estén desaprovechando posibles beneficios socioeconómicos de una rápida transición energética y arriesgándose a sufrir las duras consecuencias de la pobreza exacerbada y del cambio climático sobre vidas humanas, naturaleza, migraciones y conflictos.

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