Desde que el juez Peinado abrió causa contra Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, por la organización de un máster para la Universidad Complutense de Madrid, numerosos expertos han criticado la instrucción, entre ellos Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. Otro de los juristas que ha analizado el asunto del juez más polémico es Joaquim Bosch, exportavoz de Jueces para la Democracia y titular del Juzgado de Moncada (Valencia), quien en el programa Todo es mentira de Cuatro recordó que si se demuestra que un juez se “ha inventado” la declaración de un testigo o imputado “alguien” podría recusar a ese juez y sería el tribunal superior el que decidiría si le aparta del caso por “falta de imparcialidad”. Una vez más, hay indicios de que el sumario puede adolecer del carácter de prospectivo, algo prohibido en la ley.
Esta recusación es la que se están planteando las partes después de que Peinado supuestamente pusiese declaraciones tergiversadas en boca de uno de los implicados en el sumario, Juan José Güemes, exconsejero de Esperanza Aguirre. Peinado convirtió a este testigo en imputado pese a que el expolítico del PP rechazó claramente ante el instructor que se hubiese contratado a Begoña Gomez “por ser la esposa del presidente del Gobierno”. En esa comparecencia, Peinado informó a Güemes que Sonsoles Blanca Gil de Antuñano, directora de recursos humanos del Instituto de Empresa, sí había reconocido ese tráfico de influencias, cosa que la directiva nunca dijo ni confesó. Peinado forzó el interrogatorio, añadiendo afirmaciones de su propia cosecha, de modo que quizá atravesó alguna que otra línea roja que podría anular la causa.
Este embrollo podría resultar perjudicial para el procedimiento si alguna de las partes decide recusar al juez Peinado. Aunque esta posibilidad no se ha planteado aún, está encima de la mesa. Y el magistrado que se ha convertido en martillo pilón de Begoña Gómez lo sabe. Como también es consciente de que ha ido demasiado lejos en algunas resoluciones, como desoír a la Audiencia Provincial de Madrid (que le ha advertido de que no toque el caso Air Europa y se ciña al expediente sobre el máster de la Complutense), saltarse los informes de la UCO de la Guardia Civil que no ven delito en la conducta de la primera dama y obviar a la Fiscalía, que ha pedido el archivo de la causa iniciada por un sindicato de extrema derecha como Manos Limpias. A este respecto, Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid también tuvo palabras críticas para Peinado en una reciente entrevista para el diario El País.
La reputada abogada laborista se refirió al caso del juez Peinado e invitó a reflexionar sobre la formación del magistrado, la cual ha puesto en duda refiriéndose a su puesto como secretario general del Ayuntamiento. “La exalcaldesa ha cuestionado que se puedan ejecutar de manera eficiente las labores de un juez, cuyas funciones, ha dicho, son analizar, escuchar, observar y valorar proviniendo de una función administrativa. El juez debe tener capacidad de percibir los hechos siempre con un respeto enorme a la presunción de inocencia, y yo eso lo echo de menos en instrucciones como la del juez Peinado”, informa El Plural.
Recientemente, la defensa de Begoña Gómez ha denunciado que el juez Peinado se “salta” los dictámenes de la Audiencia Provincial de Madrid. El magistrado ha impulsado nuevamente la investigación sobre la supuesta relación existente entre el rescate de Air Europa durante la pandemia y la mujer del presidente del Gobierno. “Esta reanudación se ha producido pese a que hasta en dos ocasiones la Audiencia le dijera que debía cerrar esa línea de investigación por falta de indicios. Para justificar la reapertura de esta línea de investigación el juez argumentó que impedir que se compruebe la existencia de hechos nuevos delictivos supondría recurrir en un delito de prevaricación”, añade el citado diario digital.
En la entrevista, Carmena reveló cómo es la judicatura. La ha descrito como un espacio donde existe escasa influencia del exterior, un mundo en el que se trabaja sobre el papel y no se pone cara a las personas. “Y ahora además se ha teñido de una polarización tremenda en la que cada uno ve lo que quiere ver”, lamentó.